La intensidad y la toxicidad

Apenas escribo últimamente. Eso es algo que me reconcome, me hace sentir culpable e incluso llego a pensar que pierdo capacidades por no hacerlo. Es la espiral autodestructiva del talento. Ya… las relaciones humanas están repletas de sentimientos de todo tipo. Hoy en día, “intensidad” o “toxicidad” son términos que se acuñan con frecuencia, dado que las redes sociales, por conectarnos más, paradójicamente nos han hecho separarnos y han empobrecido nuestra comunicación. Curiosamente, eso me hace pensar también en el Celta.

Mi situación vital va, en cierto modo, siempre de la mano con mi equipo. Ahora, que navego por aguas tranquilas, que albergo cierta serenidad tanto en lo económico como en lo emocional, lo mismo le ocurre al Celta. Soy una persona feliz, cuando apenas hace un año me resultaba muy difícil sentirlo. Sin embargo, en cierta ocasión alguien especial me dijo “sin drama no hay trama”, porque es real que el ser humano necesita ciertos momentos vitales que le hagan despertar sus pulsiones más profundas a la hora de narrar su propia historia. En esta época donde nos hemos acostumbrado tanto ya a vivir temporadas repletas de dramatismo, al celtista estándar, la templanza, quizá no le vale.

Pasión, emoción, sentimientos a flor de piel… Son aquellas cosas que nos hacen ser tal y lo que somos; como personas y, en menor medida, como aficionados al equipo de nuestros corazones. Y ésta, una temporada que por anodina y sin objetivos importantes, pasa a carecer de todo aquello que hace al fútbol convertirse en ese gran deporte que es (si es que todavía podemos entenderlo como tal), se transforma en el paradigma último de que ‘necesitamos algo más’. Así lo pedía Coudet en una rueda de prensa ofrecida los últimos días, y así lo pido yo, humildemente.

El Celta ha sido el alumno que se presenta al examen para sacar un suficiente, y lo consigue. Sin mayores pretensiones. Aunque generalmente eso no suceda y la nota obtenida suela ser inferior, este año ese “5” ha sido rubricado. Quizá sea porque las expectativas generadas tras la llegada del entrenador argentino hayan sido tan altas que el olor a Europa ha empezado a deslizarse entre nosotros de nuevo, quizá sea por el aroma del centenario, que logra que pensemos en cotas mayores, o porque el hedor a descenso ya se ha quedado atrás, pero la realidad es que necesitamos sentir una nueva fragancia.

No podemos caer en ese conformismo de la falta de ambición. Sí: existe un ‘conformismo conformista’ (valga la redundancia) y otro que se adquiere cuando has intentado todo para aspirar a una meta superior, y finalmente no se puede alcanzar; no obstante, el hecho de caer en una posición tranquila, te lleva a reflexionar y darte cuenta de que lo obtenido es muy positivo. Desde este punto de vista, podemos estar satisfechos… no así con la actitud general del Celta esta temporada, que siempre ha parecido desear mantenerse en esa “ansiada” décima posición. Y si digo “Celta”, me refiero a todos los estamentos del club, empezando desde la directiva, cuyo mensaje siempre ha sido el mismo: “salvarse sin apuros”. 

Apenas escribo últimamente. Pero he vuelto a conseguir sacar adelante otro enrevesado artículo de opinión. Prometo tratar de conectarme de nuevo con una de las facetas que me hacen ser yo mismo, aunque tenga que esforzarme sobremanera; porque, en última instancia, sin trabajo no se consiguen nuestros objetivos (como el Celta, siempre como el Celta, ¿veis?) En pocos meses dará comienzo una nueva temporada, y esta vez no me conformo: deseo intensidad, emoción, ganas, ambición… pero, por favor, sin caer en lo tóxico.

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