Demasiado tarde

A todos en esta vida “se nos pasa el arroz”. Es la expresión coloquial que define a la perfección que hemos llegado tarde a algo. Que no hemos alcanzado a tiempo una efeméride vital, que hemos desaprovechado una oportunidad única o que, simplemente, la hemos dejado desfilar ante nuestros ojos sin percatarnos de ella. Es una sensación ácida, áspera, triste; ese momento ya nunca regresará y nuestra existencia acabará sin haberlo disfrutado. En las últimas temporadas, al Celta, parece que siempre “se le pasa el arroz”.

Va a ser complicado que olvidemos esta generación de futbolistas. Los Iago Aspas y Hugo Mallo se asentarán en el recuerdo colectivo y transcurrirán muchos años hasta que se dejen de escuchar sus nombres en los coloquios populares. Sin embargo, a ambos baluartes del celtismo, a fecha de hoy, “se les está pasando el arroz”, y eso me preocupa. Porque dos joyas de la cantera, que han definido el estilo y el proyecto de club en la última década apenas han tocado competiciones europeas una sola temporada. Apenas han vivido momentos especiales, más allá de un ascenso y dos semifinales. Lo demás: luchar por permanencias.

De nuevo, se presenta una nueva temporada y, ahora sí, el proyecto está definido. Tenemos plantilla, tenemos jugadores emblema y (por fin) tenemos un entrenador a la altura. El equipo se refuerza y la idea cala, tanto en los futbolistas como en toda la afición pero, una vez más, las cosas no salen. La maquinaria no funciona, los engranajes no giran y un año de edad en este deporte es bastante más tiempo que en lo extenso de nuestras vidas. Cada vez, esos nombres cargan con más presión física encima que, además, ya no pueden gestionar con la juventud de antaño. Es ley de vida. Pero ninguno queremos claudicar ante esa dura realidad.

Remontémonos, pues, a hace exactamente un año atrás. Óscar García era destituido tras la jornada 10 por (entre otras causas) haber sumado solamente 7 puntos. Después llegaría el Chacho y, revolucionariamente, conseguiría aupar a los nuestros hasta acabar la temporada en octava posición. “Se empezó tarde”, nos lamentamos algunos, porque apenas pudimos exigirle más al equipo, tanto en resultados como en el propio juego desplegado cada partido desde la toma de mando por parte del argentino. Pues bien: se ha perdido frente al Sevilla, jugando aceptablemente pero sin ‘mordiente’, ahora mismo superamos la jornada 9, a las puertas de la décima, y en nuestro haber contamos exclusivamente con 7 puntos.

Nunca me mostré ni me mostraré preocupado esta 2020/21. Al final los resultados irán llegando; de hecho, frente al conjunto sevillista se pudo ganar. Estoy convencido de que el Celta comenzará el año de su centenario en la máxima categoría del fútbol nacional. Sin embargo, todo apunta a que hemos llegado tarde a esta temporada para cotas mayores, una vez más. Todo parece indicar que volveremos a transitar por esta primera división en los puestos de la frialdad, sin penas ni glorias. Y quizás al celtista no le motive moverse fuera del “salseo” (si se me permite acuñar ese término actualmente tan extendido). Una salsa que, por sí sola y sin un arroz en su punto, sino pasado, no reconforte a nadie.

Ojalá no lleguemos demasiado tarde.

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