Sobre forofos y profesionales

Sobre forofos y profesionales está todo escrito. De los primeros decía Eduardo Galeano que “en epilepsia ven el partido pero no lo ven. Lo suyo es la tribuna. Ahí está su campo de batalla". Los segundos cumplen su cometido con "relevante capacidad y aplicación", según la definición de la RAE.  En el fútbol, un deporte en el que todo está ya inventado, encontrar la ecuación entre ambos es hallar una creación insólita y valiosa, como pudiera ser un político honrado. Un futbolista que sienta los colores como ese hincha febril y a su vez sea profesional.

Eran los años 30 y un padre, como muchos otros en esos años precedentes a la contienda civil, no dejaba a su hijo jugar al fútbol. El niño jugaba a escondidas en el campo de La Florida, del barrio de Coia. Un lluvioso día llegó a casa con sus zapatos nuevos llenos de barro y los metió en el horno para que se secasen. Así se descubrió el pastel de ese niño de nombre Pepe Villar que llegaría a escribir una de las páginas más hermosas de la historia del Real Club Celta. Ese "hombre sencillo que ha dedicado toda su vida al club de su ciudad", tal y como él mismo se definía,  jugó los 248 partidos de Liga de las once temporadas que estuvo en el club vigués. No faltó a un solo encuentro, ni a los de promoción, ni a los de Segunda, ni a los de Primera. Nunca fue expulsado.

Encontrar esa fidelidad sensata hoy en día resulta difícil. El fútbol ha cambiado demasiado, también las exigencias a los futbolistas. Han llegado las redes sociales y la televisión que determina pasiones, horarios, ingresos. La cámara capta hasta el más mínimo detalle, una patada a destiempo, un torpe gesto, un insulto disimulado, un jugador camuflado en gorra y gafas de sol entre la grada.  Pero en su esencia sigue siendo ese mismo deporte que varios niños practicaban a escondidas en un barrio de Coia. No es casualidad que Pepe Villar naciese en Vigo, recorriese sus calles, conociese la filosofía y el sentir del equipo desde la cuna. Como no lo es en el caso de Hugo Mallo o Iago Aspas. En la apuesta por la cantera se determina muchas veces el éxito prolongado de un club. Azul celeste brilló el solsticio de verano con el ascenso del equipo. Un ascenso de y por la cantera.

Como aficionada me enorgullece mucho que los jugadores sientan los colores. Pero que no se traspapelen las funciones. Ellos son profesionales, no forofos. Lo ocurrido en el derbi de la Coruña marca un precedente. La frontera entre un equipo maduro, equilibrado, con base en futbolistas de la casa, y una pachanga de niños que juegan entre los edificios de Coia, tal y  como recriminaba Bermejo. La pelota sonríe a los ídolos, pero también es especialmente cruel con los mismos. Pecar de forofismo lleva en muchas ocasiones a olvidarse de la elástica esfera. Demasiado poco se ha hablado de la pelota en Vigo las últimas semanas. No la olvidemos. Está en Balaidos esperando a que esos ídolos locales consigan la permanencia.

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS