Trasfondo desalentador

El derbi quedó envuelto en una turbulencia mediática provocada por los errores de Aspas y Mallo, dejando el fútbol a un lado. Y ya toca hablar de fútbol, porque no es otro elemento, sino el fútbol quién nos debe sacar de abajo. Pero lo que ha dejado en un segundo plano el tema mediático no es nada alentador. El Celta volvió a su cara más gris, mucho antes de que Aspas se auto-expulsase.

A Riazor salió la antítesis de lo predicado por Abel. No es la primera vez que ese le sucede al Celta este año, pero si uno de los peores días para hacerlo. Por fin llegaba el partido donde la presión arriba debía hacer daño a su rival y el Celta saltó al campo desinteresado, con las líneas separadas y la defensa atrás. Algo que se intuía sólo con ver la alineación, pues nadie puede pretender salir a presionar con De Lucas de titular. Al menos no a día de hoy, lo que deja al técnico manchego en una elección entre el catalán o su propuesta inicial.

El tema es que el Celta se plantó a esperar y el Deportivo no lo desaprovechó. El equipo de Abel reaccionó ya con el luminoso en contra, evocando tantas otras derrotas fuera esta campaña. El derbi convirtió al conjunto celeste en un bucle de errores conocidos, que parecían haberse ido menguando, pero que crecieron de nuevo en Riazor. La actitud evaporada, hasta que fue tarde, ya con uno menos sobre el campo. El atrevimiento de Sevilla, las ganas ante el Madrid, tornaron en agua de borrajas en el estadio del eterno rival.


Y ese, al fin y al cabo, es el problema principal de todo lo que allí se vivió. Aspas volverá a jugar, pese a que su baja hasta entonces será muy sensible, y lo de Mallo se olvidará, pero el juego del Celta tendrá que volver a andar lo desandado, y puede que para entonces sea demasiado tarde. El cuadro vigués necesitaba un golpe en la mesa a domicilio y sembró impotencia y desidia. El camino debería ya conocerse y en nada se parece al del derbi. 
 

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