Mouriño: 'Si no nos quieren en Vigo, nos tendremos que ir'

Carlos Mouriño compareció ante la prensa con evidente preocupación por el futuro institucional del Real Club Celta de Vigo. El presidente confirmó la existencia de una oferta en firme, notariada, para la compra del club. Procedente de un holding chino, la misma contemplaba la compra del 66 % de las acciones por 93 millones de euros en un único pago, sin provisiones por posibles problemas fiscales como es habitual en estas transacciones. Unas condiciones atípicamente favorables para el vendedor que, sin embargo, fue rechazada por la dirección, haciendo saber a los interesados que por el momento no existe voluntad de vender. 

«Nunca hubo compromiso de venta, siempre hemos dicho la verdad. Los pasos fueron los que dijimos: oferta, dinero depositado y oferta en firme». Las acusaciones de ‘pelotazo’ no influyeron, aseguró, en la decisión sobre la venta. El empresario esgrimió como respaldo del apoyo a su proyecto los resultados de una encuesta a 2.200 vigueses, una cifra representativa, según la cual el 58 % de los preguntados apoyaba la compra de Balaídos, e incluso un porcentaje mayor defendía una nueva licencia. 

A continuación, Mouriño salió al paso de las informaciones sobre los supuestos problemas judiciales del conglomerado empresarial que dirige en México. Leyó ante los medios el contenido de una carta, remitida por los procuradores del país azteca, en la que se dejaba constancia de que no existen investigaciones contra el Corporativo GES o el club Campeche. «Ahora tendrán que rectificar», dijo en referencia a las noticias aparecidas en prensa.

Sobre las instalaciones, el presidente del Real Club Celta volvió a insistir en que los dos campos de fútbol son insuficientes para los trescientos integrantes de las categorías de formación. Según explicó, desde febrero no han recibido respuesta oficial del Concello de Vigo sobre la compra del Estadio Municipal de Balaídos o la licencia para un nuevo coliseo. «Si no nos quieren en Vigo, nos tendremos que ir», avisó, declarando que es «el momento clave» y que «la decisión no depende de nosotros». No sería el único órdago a la corporación municipal.

Después de quejarse por la pasividad en cuanto a los terrenos para la ciudad deportiva, Carlos Mouriño ligó su continuidad a la resolución de este proyecto: «Mientras esté, tengo que pelear por el estadio y la ciudad deportiva en Vigo, o con permisos para hacerlo fuera; si veo que es imposible, no continúo». Aunque admitió que las condiciones han cambiado ligeramente, con propuestas de un estadio en concesión y «posibilidades» para una ciudad deportiva en la ciudad olívica, aseguró que «otros ayuntamientos nos dan facilidades, pero quieren el proyecto al completo: nueva ciudad deportiva, y nuevo estadio». De su parte, exige al Concello propuestas «con validez jurídica».

«No firmaremos suposiciones. Hay ofertas de grupos municipales que quieren ayudar al Celta, como En Marea, que apoya una financiación a tres partes: Zona Franca, Concello y Celta para un nuevo estadio. La parte comercial se repartiría, una opción que veríamos como positiva porque ya se ha probado en Cádiz. Pero, de momento, no hay ofertas concretas».

La parte más polémica de la alocución llegó al respecto de la reforma de Balaídos, una obra que durante la temporada ha causado inacabables fricciones con los aficionados, y entre club y ayuntamiento. «Un estadio reformado sin estacionamiento es un sinsentido», virtió el mandatario celeste, que también mostró preocupación por la falta de recogida de aguas, absorción y desagües, unas carencias que se deben a los recortes en el presupuesto municipal. «Si la obra era [de Tribuna] de 6 millones y queda programada en 4, algo falla»

Mouriño denunció varias fallas en el proyecto, del que dijo que se había apartado al club de la fase de revisión. «Las primeras filas, que antes se mojaban, ahora se han multiplicado y con la nueva cubierta se siguen mojando». «El acuerdo por Fondo no se está pudiendo llevar a cabo, y eso nos resta 1600 personas por partido. Si se solucionara, recuperaríamos la afluencia normal». «Desconfiamos del resultado final de la reforma, aunque estamos agradecidos por el esfuerzo de la ciudad».

«Intentamos favorecer la entrada a Balaídos. Todas estas molestias son ajenas al club, y los socios siguen siendo fieles: aunque no acudan por falta de comididad, siguen pagando. Es una satisfacción relativa para nosotros. Su comodidad no está ahora mismo en nuestras manos», deslizó. Y excusó: «Estamos en Balaídos por una concesión, y aunque pagamos el proyecto, no tenemos influencia en un proyecto hecho, negociado y aprobado por el Concello.

Por último, lanzó un recado al Concello al respecto de la supervisión. «Asistimos a las reuniones al principio y luego nos quitaron de las revisiones. Pregúntenle al arquitecto si le han permitido acabar la obra. Igual se llevan una sorpresa. Nos han prohibido taxativamente acudir a las reuniones de obra», denunció. 

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