El espejo y el asesino

Hay partidos que van más allá de los 90 minutos, que se resumen de manera más contundente que reflejando las acciones individualizadas en párrafos. El partido del Celta en el Pizjuán es uno de estos partidos. No eran dos partes, once jugadores de cada equipo y un árbitro con sus dos asistentes; bueno, eso también, pero el partido fue más allá de la fotografía mental. Este partido fue un reflejo de la temporada del Celta.

Cuando tiras de archivo, se evidencian encuentros similares a lo largo de las temporadas. Normalmente, los protagonistas son equipos de la parte baja de la clasificación que luchan por alejarse del descenso. Partidos que casi llegas a controlar, en los que generas juego, profundizas por banda y dominas el mediocampo, al menos de manera puntual, pero que se convierten en una fotocopia reducida de todo lo que te ha pasado durante el año. 
A pesar del resultado, el Sevilla no se paseó; simplemente fue un espectador de lujo de la película habitual que consiguió sacar jugo del atasco rival. Esa película que el Celta vive cada partido desde hace unos meses, sobre todo fuera de casa. Ya no vale con la imagen, que se alejó del bochorno de San Sebastián o Pamplona, ni con el casi empate que se estrelló en el larguero. El hincapié se va a los automatismos con los que un equipo salta al césped, como si alguien le hubiese grabado en el ADN su comportamiento.


Y el Celta resumió toda la temporada en 90 minutos. Un comienzo esperanzador con Aspas removiendo la defensa del Sevilla; dos accidentes que te ponen cuesta arriba cualquier atisbo de esperanza; un gol a la enésima llegada cuando parecía que el peligro se esfumaba a 20 metros del área; un arranque de carácter que dura lo que dura; y una caída libre con la defensa jugando el rol de asesino.  Así, sin más. Como toda la temporada. Como todo el año. Como el tiovivo en el que se ha subido el Celta durante 26 jornadas. Y el aficionado se sube con él a lo largo del partido desarrollando estados de ánimo alternos: precaución, desconfianza, anhelo, euforia, esperanza, rabia... Los mismos que ha mantenido durante toda la temporada. Vamos, el Celta mirándose al espejo de lo habitual, reflejando la imagen que le ha retratado este año. 


Es complicado sacar cosas en claro, salvo una. Una defensa débil es mortal en Primera. Es el mayordomo al que la señorita Fletcher señala como asesino, ese del que desconfiaste desde que apareció en escena. Y ya pueden irse los hechos delictivos embarullándose, que tú tienes claro que el culpable del cadáver es él, como atisbabas desde el principio. La defensa, no los defensas. Los espacios que genera el desorden, la mala presión, la falta de intensidad, el poco “apretar”; huecos difícilmente taponables a última hora, cuando el asesino ya ha empuñado el cuchillo y solo le resta completar el gesto de muelle en el brazo sobre la víctima. 


Pero no es novedad. Podía haber sido una expulsión que atrapase al equipo en una catarsis táctica, pero no fue. Se reblandeció, la víctima relajó los músculos después de llegar a casa y ahí estaba el mayordomo detrás de la cortina para manchar la pared con la sangre expulsada con violencia. Negredo, que estaba de paseo por el césped, solo tenía que esperar la ayuda del mayordomo para salirse con la suya y saquear el cadáver en busca de la cartera y el reloj. Y lo hizo hasta tres veces, mientras la Fletcher tomaba nota de las evidencias en un rincón de la grada. 


Al Celta le falta en intensidad lo que le sobra en intención de juego, como siempre. Seguro que Abel, el primer día, trajo su espejo, lo colocó delante de la plantilla y descubrió una silueta sospechosa. Con la voz grave le preguntó a la señorita Fletcher: “¿Cómo lo ve?”. Ella, con la mirada desviada y su bloc de notas en mano respondió contundente: “El asesino es este. Ahora vamos a darle vueltas porque tenemos que hacer un capítulo entero lleno de confusiones curiosas, pero ya sé quién es el culpable”. Y la señorita Fletcher, a pesar de su aspecto de secretaria sosa, no da puntadas sin hilo.

Esperemos que Abel haya tomado nota para los próximos tres partidos que, si no son de resultado obligatorio por las circunstancias y por el carácter sentimental que tienen, sí que van a jugar un papel clave en la moral del equipo.

 

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