Beauvue es el jugador número doce

De nuevo sufriendo. De poco habían servido el dinamismo de la primera mitad y el misil de Daniel Wass, pues el Krasnodar tenía el empate tras dos aproximaciones. El Celta volvía a ser el peor enemigo del Celta, incapaz de cuidar o aprovechar los resultados favorables. Por suerte, el arsenal de Berizzo se ensancha cada semana; en esta ocasión, luego de poner en el terreno al director de operaciones Jozabed, apostó por el apoyo aéreo. Y Claudio Beauvue, no desde las alturas, sino en un vuelo rasante, golpeó con precisión para poner al campo a sus pies.

El de Guadalupe señaló al cielo y corrió a abrazarse con Berizzo y el doctor Cota. Apenas días después de que el jefe de los servicios médicos anulase la restricción de esfuerzos, el delantero antillano mostró su carácter aguerrido y ambicioso, extenuante para el encargado de vigilarlo, y aprovechó la única ocasión de que dispuso con un incontestable cabezazo cruzado. La acción fue académica: ubicado entre los dos centrales, paralelo a la pelota, carrera al hueco que deja el lateral, y giro de torso y cuello para superar por alto al guardameta. Daba así la razón al entrenador, que poco antes del alta médica había asegurado que «la calidad está intacta».  

¿Qué significa el regreso de Beauvue? En primer lugar, otro socio para Aspas. El ex del Guingamp, en plena madurez con casi veintinueve años, es un segundo punta que combina potencia física e instinto rematador, llegado para ocupar el perfil que Santi Mina dejó huérfano. Como dejó patente ante el Krasnodar, es capaz de partir desde el costado y erigirse en referencia de área, añadiendo otra alternativa a la presencia del propio Aspas, Wass o Señé por la derecha. Otro candidato al tercio atacante, que sumada a la irrupción de Jozabed en la mediapunta deja a Rossi con escasísimas opciones.

El pequeño italoamericano es el que más crudo lo tiene, pero Guidetti no puede despistarse tampoco. A pesar de que atraviesa el mejor momento de la temporada, el Celta echa en falta mayor finalización por parte del sueco, sobre todo porque su titularidad –merecida– empuja a Aspas al carril, donde realiza más trabajo y tiene menos oportunidades de gol. Si Beauvue consigue ritmo competitivo como para disputar noventa minutos con garantías, podría ser titular en la banda –donde es el mejor candidato, a la espera de Hjulsager– y devolver a Aspas a la zona de peligro, exonerando a Wass de tener que desdoblarse y ser protagonista en los metros finales.

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