Uno a uno: Barça 5 - 0 Celta

Berizzo (e.): 4. El plan para el Camp Nou naufragó. Las dificultades eran ya evidentes antes de que Messi inaugurase el marcador, lo que obligó a recolocar varias piezas y ajustar la presión. Pero el vacío en medio campo se convirtió en una autopista para Neymar y el propio Leo, que enseguida convergieron y se dedicaron a los duelos individuales. De nada sirvió que el Celta anulase las bandas de los blaugrana, porque el desequilibrio era irremediable. Tras el descanso hubo una cierta mejora general, mas la inusual imprecisión de los celestes combinada con la confianza de los locales convirtió el encuentro en un intercambio de golpes humillante. Derrota táctica incontestable.

Sergio: 6. Tapó todo lo que pudo, mas el estado de gracia de los jugadores de Luis Enrique llevó a una sucesión de goles de gran factura. Pese a la avalancha, el de Catoira mantuvo el tipo y mostró fiabilidad durante los noventa minutos, tanto en el mano a mano como atajando disparos de media distancia.

Cabral: 4. Primero cayó en la trampa de Messi, y después en la de Suárez. No fue capaz de achicar y cerrar espacios y, como el resto de la defensa, tan sólo ganó en el juego aéreo.

Sergi Gómez: 6. Dejó de bailar con Suárez para ayudar con Neymar en el sector opuesto, donde la velocidad del catalán limitó las galopadas del carioca. Sin embargo, sufrió durante todo el encuentro, fijado a gran distancia de los mediocampistas propios.

Roncaglia: 5. Cubrir a Messi es una tarea titánica y, en esta ocasión, del todo imposible. El nefasto papel defensivo fue compensado con el carácter para iniciar y conducir los contraataques del Celta cuando el colectivo atravesaba sus peores momentos. 

Mallo: 5. El de Marín cumplió en su sector en el primer tiempo, en parte ayudado por la posición conservadora de Jordi Alba. Solidario en ataque y en defensa, fue el único con criterio en el frente de ataque. Sin embargo, cuando le tocó cubrir a Neymar, la historia fue bien distinta.

Jonny: 5. Daño colateral del sistema empleado por ambos conjuntos, víctima de la enorme precisión mostrada por el Barça en medio campo. Compromiso innegable, mas poca incidencia ofensiva.

Radoja: 6. Solo. Solísimo. Aguantó el tipo hasta que a Wass le fallaron las fuerzas. Indispensable el serbio en las ayudas, mas el suyo fue un esfuerzo fútil por la inoperancia ofensiva del Celta.

Wass: 4. Tenía demasiados metros para cubrir y encima no fue su día. Superado, impreciso, tuvo sus oportunidades de hacer mella en el área rival, pero ni ante Ter Stegen supo convertir. Apenas una muesca en el límpido historial del danés, que repitió los síntomas de Mendizorrotza.

Aspas: 6 (mejor jugador). Mágico y desesperante a partes iguales. Acumuló el protagonista ofensivo de los suyos, como es costumbre, y erró más de lo que se espera de él. Noche para olvidar en la que desperdició ocasiones clarísimas. Ahorrando munición para el Krasnodar, esperemos.

Guidetti: 5. Hizo todo lo humanamente posible por dar al Celta una vía de escape al juego directo, y llevó peligro en los primeros tramos del encuentro. Por dos veces estuvo cerca de cazar dos pelotas francas, pero pronto se contagió de la imprecisión de los compañeros y se diluyó con los minutos.

Bongonda: 4. Comenzó siendo la única amenaza para el Barça, con carreras memorables en el costado izquierdo que complicaron la vida a Sergi Roberto y Piqué. Cuando el local golpeó y se hizo con suficiente ventaja en el marcador, el belga quedó desmoralizado y fue sustituido. Encuentro para madurar.

Sisto: 6. Relevó a Bongonda en el 50’ y mostró arrojo y poderío físico. Acompañó a Aspas en una cruzada imposible y entre ambos llevaron más peligro de lo que el marcador final reflejó. Sencillamente no salió nada bien en el Camp Nou.

Jozabed: 5. Entró por Guidetti. Trató de oxigenar al medio campo al tiempo que enlazaba con el ataque. En tareas ofensivas tuvo su papel, no así en la brega, donde el toque preciso del Barça dejó en evidencia que no está hecho para el ejercicio defensivo continuado.

Díaz: 5. Dio descanso a Wass y algo de sentido al juego colectivo del Celta, ofreciendo coberturas en la presión y auxiliando a un Radoja rodeado de contrarios. Poco más se podía pedir dado el escenario.

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