Berizzo y la figura del ’diez’

El mismo día que aterrizó en Vigo, el actual director técnico del Celta de Vigo expuso ante los medios su ideario futbolístico como quien defiende ante un tribunal académico. Recordó la figura de Mostovoi, con quien compartió vestuario en la época más prestigiosa del club, y dijo imaginar un futbolista similar comandando el ataque del nuevo proyecto 14/15. Pronto la realidad de un conjunto en construcción se impuso y se vio obligado a reforzar la medular, apostando por tres centrocampistas. La estrategia, aunque sensata, afectó a la producción goleadora y, tras diez jornadas sin conocer la victoria, desmanteló el esquema y dejó a Krohn-Dehli y Augusto como base de un afilado rombo: Orellana, Mina, Nolito y Larrivey. 

Recuperar esa disposición de cuatro atacantes llevó a Orellana a la mediapunta. Contar con esa figura del ’10’ no es una cuestión menor: se trata de una demarcación con tareas específicas, que crea un escalón más en el ataque para distorsionar la lectura del rival y construir de forma menos previsible. Por supuesto, tiene también inconvenientes, pero un Celta que defiende con marcas individuales en zona demostró que era capaz de gestionar el riesgo y obtuvo magníficos resultados en la recta final del campeonato. Un astuto director deportivo, Monchi, se percató de la emergencia de Michael Krohn-Dehli, ofreció al danés su último gran contrato y dio al traste con el equilibrio planteado por el Toto. Vuelta a empezar en la 15/16.

Pero, ¿qué tiene que ver Krohn-Dehli con la posición de diez, si aparecía en el doble pivote? Como se mencionó con anterioridad, destinar cuatro hombres en exclusiva a las labores ofensivas tiene riesgos, sobre todo a nivel de cohesión y construcción del juego. Para seguir contando con un mediapunta, debía resolverse primero la marcha del danés. Con tal fin llegó Daniel Wass, que tiene en común con el anterior la nacionalidad solamente. Vuelta por tanto a la terna de medios, con Augusto –después Chelo– de pivote, escoltado por Wass y un impresionante Tucu Hernández. La temporada quedaría marcada en la retina de los aficionados por un 4-3-3 perfecto, que contaba con la delantera más alegre de La Liga, conocida irónicamente como ‘el mojón’: Nolito, Aspas y Orellana.

En mayo el Celta celebraba la clasificación a Europa y Berizzo trasladaba al cuartel general dos condiciones para la renovación: un reemplazo a la altura para Nolito, pretendido por medio planeta, y el ‘diez’ que asumiría el liderazgo del equipo en compañía de Orellana, hasta entonces sin nadie parecido en el plantel. Ninguna de las dos peticiones obtuvo satisfacción, y a última hora llegó Rossi, quien por perfil –que no por calidad– suponía una solución de emergencia para situaciones desesperadas. La situación se volvió crítica cuando Fabián Orellana se lesionó en la tercera jornada. Por fortuna, y aunque Berizzo no tenía a Mostovoi, sí tenía a Aspas, que asumió la responsabilidad de creación y finalización propia del citizen Nolito. El equipo fue salvando resultados a costa de empobrecer la puesta en escena; y poco a poco el preparador de Cruz Alta fue agregando soluciones, con Bongonda aquí, con Guidetti allá, con Wass en todos lados. 

Aquello no podía durar para siempre: Aspas es un genio, no cabe duda, mas no es infinito ni omnipresente. El diez debía llegar. Se ha incorporado Jozabed en la presente ventana de traspasos, un complemento necesitado y del gusto del técnico, pero la cabeza de Berizzo sigue rondando la idea de un diez, la figura que coronaría el proyecto, la figura que llevaría el estilo depurado del Celta hasta la excelencia, como Mostovoi había conseguido. Eduardo sabe que tiene un grupo preparado para todo, y quiere aprovechar el momento. Él tuvo su momento, contra el Zaragoza, y no pudo culminar la misión. Ahora, quiere ese ‘diez’ para alcanzar la gloria que como jugador estuvo a punto de alcanzar de celeste.

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