De lo que fue, y de lo que no pudo ser

En Anoeta sucumbió el Celta por un estrecho margen, penalizado por una segunda parte en la que no encontró respuesta. No la tuvo Berizzo, que hizo una apuesta tardía por la fuerza bruta; no la tuvo Rossi, que sigue lejos del aura de clase mundial que proyecta. Un despiste del recién entrado Radoja fulminó un trabajo defensivo destacable de los menos habituales, capaces de mostrar superioridad en todas las parcelas durante la primera mitad. Tras la reanudación, la Real Sociedad reclamó el bastón de mando y dominó con la gracia de un bloque más capaz. Podía haber marcado o no; el caso es que lo hizo, se llevó los tres puntos y dejó una cierta sensación de vacío en las filas celestes, de oportunidad perdida. No habían estado tan lejos, y es que hubo novedades positivas en los vigueses.

La más importante, por la inmediata necesidad, fue la de Sergio. El de Catoira se marcó un encuentro como si viviera su mejor época, refrendando la imagen solvente del Bernabeu. Ágil, valiente y oportuno, y muy bien con los pies. Junto a un alegre y veloz Roncaglia mantuvo al Celta en los peores momentos. Estos dos, lo mismo que el huracanado Pione Sisto, fueron los más regulares de una fría tarde en Donostia y dieron alas a otros muchachos con menos minutos a sus espaldas. Las alineaciones de ambos contendientes en esta cita liguera dejaban claro quién veía más opciones de pasar de ronda en la Copa.

Un precoz Pape Cheikh –primera vez como titular en Primera División con diecinueve años– dio un paso al frente e hizo suya la medular por momentos. Puso sobre el césped una interesante combinación de marcaje defensivo y pases largos en ataque, mas perdió vigor con los minutos. Otro que sufrió por mor del físico fue Rossi, solo que el italoamericano sigue sin alcanzar la plenitud de forma. Podía haber decantado el partido con una exhibición de pases y controles exquisitos; sin embargo, terminó estrellado contra los zagueros de Eusebio, desgastado tras un segundo tiempo en el que el Celta fue arrastrado por el renovado vigor de la Real.

No fue la tarde más memorable de Hernández, ni mucho menos la de Señé. El de Josep es un caso extraño, pues le acompañan actitud y aptitud, pero no consigue plasmarlas. Tanto erró que comenzó a hacer sobreesfuerzos y a fallar a su pareja de banda, el esta vez lateral Roncaglia; terminó por derrumbarse con el ingreso de Oyarzábal. Siguió el camino hacia el banquillo de Jozabed, debutante en terreno hostil y claro acierto de la secretaría deportiva. Dejó claro que sí, ha llegado para dar descanso a Wass, pero también para paliar la falta de Orellana. Imprime vértigo a la circulación y tiene el molde que pide Berizzo. No pudo ser el estreno soñado del andaluz, no pudo el Celta llevarse algún punto ante un rival directo, así que no queda otra que asimilar las notas positivas. Anoeta nunca ha sido destino de asueto para los vigueses.

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