Jugando con fuego

Repasamos algunos apuntes que nos deja el empate ante el Standard y la delicada situación europea

Decepción. No mentiríamos si dijéramos que si algún equipo mereció ganar ayer en Balaídos fue el Standard. Los belgas no aprovecharon las numerosas desconexiones que los de Berizzo tuvieron durante la primera final del curso. Puso el ‘Toto’ a un once que poco difiere del de gala –metan a Orellana y quizás a Radoja por el ‘Chelo’- y lo cierto es que pocos respondieron. Sólo Aspas, que nunca falla, y Guidetti estuvieron al nivel que requería el encuentro. Hubo naufragio en el centro del campo, con versiones paupérrimas del ‘Tucu’ y del ‘Chelo’. Y hubo falta de contundencia atrás, especialmente en un Jonny que atraviesa un momento de forma alarmantemente bajo.

Jugar con fuego supone riesgos. Y lo habitual es que te quemes. El Celta no está calcinado porque el Standard afinó muy poco. Dieron los olívicos una pobre imagen en un partido señalado en rojo por todos. Decepcionante, pero podía ocurrir. Poner a los mejores no te asegura ganar, una máxima que todos deberían tener clara. Por ello el problema no radica en lo que ocurrió ayer. El Celta se está quemando, y mucho, porque decidió darle la espalda a la competición europea desde el minuto 1. Porque no compitió en Lieja ni en Amsterdam. Porque optó por rotaciones masivas, desequilibradas, que le han obligado a no dar la cara en partidos europeos y ligueros y le han puesto contra las cuerdas en una preciosa competición que hacía 10 años no pisaba.

Los números son reveladores. La gestión de Europa ha sido tremendamente deficiente. Depende el Celta de otros resultados para pasar dieciseisavos de final en un grupo que, no nos engañemos, no era el más difícil posible. Lo dijo Radoja esta semana. El Celta era, con el Ajax, el mejor equipo. Sensiblemente superior a Standard y Panathinaikos y equiparado a un Ajax que poco tiene que ver con el de hace una década. Ha sido, sin embargo, difícil comprobar el nivel competitivo del equipo. Onces repletos de suplentes, esquemas inusuales, variantes tácticas,… Un cuadro que da con el Celta al filo de la eliminación.

Un problema de planificación. Posiblemente el problema de fondo vaya más allá. Posiblemente la plantilla que el Celta le ha dado a Berizzo no sea la mejor para afrontar tres competiciones con garantías. No hace falta ser avispado para darse cuenta de que al ‘Toto’ le faltan muchas piezas que pidió en verano y que el club desoyó. Y posiblemente Berizzo, que acostumbra a ir con sus planteamientos hasta el final, sin ser amigo de los cambios de rumbo, considere que las rotaciones masivas son necesarias para llegar frescos a febrero. Quizá no contaba el argentino con tener una plantilla escasa de recursos de nivel.

Rubén y Radoja. El empate ante el Standard, del que poco se puede rescatar, deja dos sensaciones predominantes. La primera, que Rubén Blanco parece haber ganado a Sergio la batalla de la portería. Cuenta con la confianza del míster y está respondiendo con buenas actuaciones. La segunda, que Radoja está ahora mismo uno o dos escalones por encima de un ‘Chelo’ Díaz que no termina de encontrarse. Y vaya si lo nota el Celta.

Dura baja. Iago Aspas es sentimiento. Del puro. Para lo mucho bueno y para lo poco malo. Fue el mejor, para variar, con un golazo de bandera. Y el auténtico dinamizador del ataque. Esa segunda amarilla seguro que todavía le carcome por dentro. Él es el primero que querría encabezar la final de Atenas.

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