Apuntes del Eibar 1-0 Celta

Analizamos la derrota ante el Eibar en varias claves: rotaciones poco efectivas, las grandes ausencias, la poca determinación de los suplentes, el caso de Rossi, el buen partido de Rubén y la cita ante el Standard de Lieja.

Las rotaciones no funcionan. Enésimo partido en el que las rotaciones le salen rana a Eduardo Berizzo. El técnico no consigue dar con la tecla que le permita equilibrar al equipo variando piezas clave. Uno de los motivos puede estar en el número: exageradas casi siempre, pasando de once titulares a siete u ocho suplentes. Otro motivo puede estar en la calidad de la segunda unidad: varios suplentes de este Celta sufrirían para ser titulares en Segunda. Ayer, a este explosiva mezcla, le unió el ‘Toto’ un cambio de esquema. Primero con Mallo como centrocampista y después con una defensa de 5 durante 75 minutos. Algo a lo que no están acostumbrados. Y vaya si se notó.

Aspas y Orellana. Decía el míster ayer que la derrota en Ipurúa no se explica por las ausencias, sino por las presencias. No le falta razón. Ayer los titulares no dieron el mínimo exigible. Pero no cabe duda que este Celta, sin Iago y sin Fabián, se convierte en un equipo mediocre, apático y plano. Tanto que la mera entrada de un único jugador durante 15 minutos (Pione Sisto) cambia radicalmente el panorama. Algo que habla bien del danés, sí, pero deja en evidencia al resto.

Gaseosa pura. Insiste e insiste el ‘Toto’ en Señé y Bongonda. Tremenda y admirable la confianza que tiene puesta en una pareja que prometía en verano pero que llevan tres meses sin aportar nada. El belga sigue viviendo de aquel gol frente al Valladolid en Melgaço y de una pretemporada notable. Fue empezar la competición oficial y desapareció del mapa. Cada vez lo intenta menos y cada vez falla más. Apareció poco ayer en Ipurúa, y erró todo lo que tocó. Un mano a mano, un peligroso centro desde la izquierda,… El catalán no se queda atrás. Le queda grande ser el suplente de Orellana. Intrascendente, previsible y sin ideas.

Calamitoso arbitraje. Debería estar acostumbrado el celtismo a este tipo de arbitrajes, demasiado comunes ya. Porque hay árbitros malos, muy malos, a los que el partido se les va de las manos con la misma facilidad con la que Bongonda yerra oportunidades claras de gol. Pocos encuentros tan fáciles va a tener Munuera Montero, y cómo lo tiró por la borda. Escamoteó dos penaltis a los vigueses y expulsó, en un brote, a Sergio y a Hugo Mallo (a éste ya con el partido finalizado). El comunicado del Celta deja en evidencia el acta del colegiado, que quiso convertirse en protagonista del partido. Y lo consiguió.

El caso de Giuseppe Rossi. Otra vez le tocó bailar con los menos habituales. Difícil encontrar un balón potable que llegara a sus pies. Acabó desesperado. Nadie lo vio ni nadie lo buscó. Se echa de menos no verle jugando con la primera unidad.

La única nota positiva. Posible la firmó Rubén Blanco, que repitió como meta en Liga y parece ir ganando la partida a Sergio Álvarez. Seguro bajo palos y atento en las salidas. Merece la continuidad bajo palos.

Standard, Standard y más Standard. Es posible que ayer buena parte de los futbolistas saliesen con la cabeza en el fundamental encuentro del próximo jueves. Berizzo lo dejaba entrever en sala de prensa. “Lo del jueves tiene otra trascendencia e importancia”, decía. Si los celestes ganan a los belgas, estarán en la siguiente fase. Si pierden, eliminados. Todo pasa por el choque de Balaídos.

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS