Suerte desigual de Orellana, Díaz y Hernández en el nuevo título de Chile

El 6 de junio Chile debutaba en el Grupo D con derrota. Argentina se había llevado el encuentro del desquite por 2 a 1 y tomaba la iniciativa en la Copa América Centenario, el torneo que conmemora un siglo de historia del campeonato de selecciones más antiguo del mundo. Entonces Marcelo Díaz acalló las críticas: «Les firmo que vamos a ganar y todos quedarán bien». Veinte días después, y tras superar a Bolivia, Panamá, México y Colombia,  el combinado dirigido por Juan Antonio Pizzi repitió título ante la Argentina de Leo Messi, ello con tres jugadores provenientes del Celta, cuyo desempeño se relata aquí. 

Los hombres de la casaca roja comenzaron el campeonato con dudas, sobre todo en el montaje ofensivo. Orellana, que veía premiada una sensacional temporada en Vigo, tenía la misión de agitar un juego algo previsible, mas enseguida se comprobó que le faltaba el atrevimiento que muestra en Europa. Dos partidos como titular y de ahí a desaparecer, parco rendimiento para un tímido Fabián. Todo lo contrario que los otros dos celestes en esta singladura, que se turnaron para gobernar el centro del campo de Chile. 

Chelo Díaz partió de inicio en la jornada inaugural, como aconsejaba la experiencia de la anterior final contra Argentina. Escoltado por los esforzados Aránguiz y Arturo Vidal, el pequeño mariscal se dedicó a marcar el ritmo de una selección con tendencia a correr hacia el ataque, compensando los desequilibrios con un magnífico sentido posicional. A pesar de estas virtudes, las limitaciones físicas de Marcelo condujeron a una presencia mayor de Pablo Hernández, quien ya en el segundo partido se hizo con la demarcación de mediocentro. 

El tucumano destacó en ese duelo ante Bolivia, por la acertada combinación de organización con la pelota y presencia ofensiva, rozando el gol en varias ocasiones. Sin embargo, Pizzi prefirió el liderazgo de Díaz en los sucesivos duelos ante Panamá y México, éste saldado con un espectacular e histórico 7 a 0. La gestión de los tiempos fue decisiva en un partido en el que los aztecas buscaron un intercambio de golpes ante un conjunto experimentado y ordenado en torno a Chelo. 

Contra Colombia, ya en semifinales, llegó una nueva oportunidad para Hernández, alternándose de nuevo los dos integrantes del Celta. El número diez de los rojos, que se adelantaron con rapidez en el marcador, estaba dejando una notable actuación que, por mala fortuna, se vio truncada antes del descanso por una lesión en la rodilla. Los cafeteros de Pekerman se rehicieron después del paso de una fuerte tormenta, que incluso obligó a suspender el partido, mas Chile aguantó el marcador para acceder a la cita decisiva. 

Sin el Tucu, con un esguince de grado dos, de nuevo fue el turno de Díaz, aunque tampoco tuvo suerte en la contienda. Antes de la media hora de partido el chileno recibió la segunda amarilla, de manera incomprensible, de un colegiado que pretendió ser protagonista y repartió amonestaciones con gusto entre ambos equipos. Aún con el dominio inicial de Argentina, la expulsión de Rojo equilibró los números cuando se acercaba el paso por vestuarios. Como era de esperar, Chile recuperó el dominio del balón y a través de Alexis dio cierta respuesta a los intentos de Messi y Agüero. Ni la prórroga solucionó el negocio, así que la tanda de penaltis decidió, esta vez sí, con alegría para los tres celestes de la expedición. 

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