El Celta B de Menéndez, un filial de futuro

Alejandro Menéndez está de nuevo en boca del aficionado celeste. Viejo conocido de la casa, llegó a Vigo en la campaña 07/08 para dirigir al filial, mas terminó a los mandos del primer equipo tras el carrusel de entrenadores que siguió al mal comienzo de Hristo Stoichkov. Hoy es un técnico con una variopinta y provechosa experiencia, que incluye al Real Madrid Castilla, Racing de Santander y Buriram, club tailandés al que consolidó como potencia regional. Y está haciendo valer ese bagaje en la dirección de un Celta B a propulsión cohete: la temporada anterior cogió a los chavales en descenso, en tres meses los llevó a la undécima posición, y en la presente contienda ha logrado la clasificación matemática para la promoción de ascenso. 

El momento del Celta B invita a imaginar grandes cosas. Ocupa la segunda posición del Grupo 1 de Segunda División B, y este fin de semana visita al líder (Cultural Leonesa), del que le separan únicamente dos puntos. Ascender a la categoría de plata estará carísimo, mas los muchachos están demostrando oficio y carisma impropios de jóvenes en formación. Además, cada una de sus conquistas ha llegado a través del estilo que marca el primer equipo, un motivo de orgullo identitario y una garantía de futuro. Tres factores explican esta explosión: la excepcional conexión de Menéndez con el plantel, el acierto en la planificación deportiva reciente, y el ambiente en el vestuario del Panda Team. 

La planificación de la plantilla ha sido un quebradero de cabeza para el club durante el último trienio. La presión del Juvenil División de Honor y la capitalización del talento en el primer equipo habían dejado al filial en un territorio yermo, teniendo incluso que evitar el descenso por vía administrativa. Ahora, finalizada la dramática reorganización y con estabilidad tanto en la dirección de la cantera como en la figura del entrenador, el Celta B ha conseguido brillar colectivamente. Con un grupo competitivo, la progresión de los futbolistas se incrementa exponencialmente. 

A muchos la categoría les queda minúscula, como es el caso de Borja Iglesias, máximo goleador del Grupo con 24 dianas. Aun siendo el artillero compostelano el más célebre, varios de sus compañeros casan mejor con las demandas de Berizzo. En esta tesitura tenemos a Hicham Khaloua, el socio predilecto en el ataque del filial; al jovencísimo trescuartista Brais Méndez, una de las grandes esperanzas de A Madroa; o a Borja Fernández, el canterano ejemplar, cuya temporada deja entrever que va camino de convertirse en un pivote completísimo. Tampoco podemos olvidar otras perlas como el mediocampista Gus Ledes, un fenomenal director de juego; a la impecable línea defensiva que conforman el capitán Kevin Vázquez, los centrales Diego Alende y Roger Riera, y el carrilero Samu Araujo; o el meta Iván Villar, asiduo de las convocatorias del primer plantel. 

Sin desmerecer a otros protagonistas de la temporada como Juan Hernández o João Camacho, queda patente que el Celta B está en condiciones de erigirse como un reclamo más de la entidad, una pieza capital en la planificación deportiva del más alto nivel, y el colofón a una cantera insigne. Menéndez se ha ganado un destino con más lustre, y sería memorable que pudiera seguir creciendo junto a estos chicos en Segunda División A; calidad y actitud no les falta. Lo consigan o no, la directiva no debe descuidar al filial, el eslabón que puede culminar el proyecto que salvó al club del abismo. Y es que hay futbolistas que sólo da la cantera.

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