Un celtista nunca se rinde

¿A que no puedes explicar lo que te recorre el cuerpo cuando ves a alguien en cualquier lugar del mundo vistiendo la celeste con la cruz de Santiago en el pecho? ¿Sólo puedes sonreír? ¿A que sabes perfectamente quién es  "la Gaviota, "o Ghato de Catoira o "el Zar de Balaídos"?
Ser celtista es muchas cosas al mismo tiempo. Una pizca de locura condimentada con muchos kilos de condena bien mezclada con una bendición infinita. Se nos eriza la piel cuando recordamos aquella noche de verano en Los Cármenes. Y se nos cae la lagrimilla si de repente viene a la memoria el debut de Iago Aspas, la garra moañesa que nos salvó milagrosamente de caer en un pozo más grande que el que ahora nos preocupa.

Está claro que estamos hechos de otra pasta. Cinco años en el infierno, tiempo en que miles de personas no dejaron de creer, confiar, de saber a ciencia cierta que un día llegaríamos de nuevo a donde nos merecemos estar.
3 de junio de 2012. Desde Vigo a Madrid pasando por Bilbao, de camino a Barcelona y saltando el charco hasta Nueva York o São Paulo, el celtismo celebró. El trabajo había sido recompensado y aún en el exilio, lo disfrutó a lo grande haciendo de cualquier fuente Plaza América y de cualquier cerveza, una Estrella.  


Por el que no quiere tener más lujo que el de poder visitar Balaídos cada quince días para dar calor a su equipo. Por el que encuentra en una Peña a una familia. Por las gargantas rasgadas y las bufandas celestes que nunca dejan de ondear. Por muchas Rianxeiras desentonadas y porque esas ondiñas no dejen de “vir e ir”. Y este, con especial cariño: por el señor de detrás de tu asiento que te pide que te sientes una media de tres veces por minuto. 
Toca seguir al pie del cañón, no dudar ni un segundo de que somos afortunados por  ser una parte muy importante nuestro equipo. El mayor premio, no es un título, es poder adaptar a la vida nuestro lema: “afouteza e corazón”.


Empezamos una nueva ruta cargados de ilusión y confianza en un barco que no quiere dejar nunca este océano llamado Primera. El capitán ha cambiado pero los tripulantes siguen siendo los mismos. Los mismos que no dejarán que la bandera celeste deje de lucir en todo lo alto. Es la hora de remar entre todos y conseguir juntos el preciado botín: la permanencia.


Sempre Celta! 
#XuntosConseguirémolo

 

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