Un adiós y dos salvadores

Ayer, la actualidad del Celta, para la que tienes que escarbar entre la longitud eterna de las portadas web de los principales periódicos deportivos nacionales, saltaba a la palestra. Con el café caliente entre las manos, leía en el Faro de Vigo a través de la exclusiva de Juan Carlos Álvarez que Herrera dejaría de ser entrenador del Celta. De nada servían las palabras repetidas por Mouriño hace meses ni las ratificaciones en el cargo de las últimas dos semanas; es más, se cumplía la máxima de que el primer paso para un cambio de técnico era la ratificación.

Las redes sociales se llenaban de mensajes de apoyo hacia Herrera. La situación deportiva no era la mejor, y a pesar de las críticas a la labor del que ascendió al Celta, parecía que un profundo hueco quedaría sin su figura en el banquillo. Y es que Paco Herrera caló hondo en un equipo que navegó a la deriva entre proyectos de “equipo grande” en Segunda División. Fichajes extraños, búsqueda de estrellas en mercados desconocidos y entrenadores que no daban con la tecla. Paco (así, con la confianza del paso del tiempo) amasó los retales que había dejado Eusebio para construir un equipo que logró devolver la ilusión a la grada de Balaídos. 


El Celta con Herrera acercó y unificó al equipo con la grada. Gente de la casa y un estilo de juego alegre, veloz, de toque y desmarque, algo poco usual fuera de la máxima categoría. Era como cerrar filas en torno a la familia, la vuelta de un Celta que pertenecía a la ciudad y una ciudad que pertenecía al Celta. Refundación de la institución que, ya sea por la crisis o por una apuesta ideológica, encontró en la cantera a esos jugadores en los que nos vimos todos un poco reflejados. Nació el mejor Aspas, se recuperó Borja, asomó Alex, se instaló Túñez, se consagraron Roberto Lago y Hugo. Y con las mismas ideas se alcanzó la deseada Primera División, sumando más aportaciones del filial. 


Pero el sueño comenzó a nublarse. Ansiedad, diría yo; nerviosismo de un equipo inexperto que no encontraba en los resultados el reflejo del buen juego que disponía sobre el césped. Y la mala racha envenenó el ambiente. Normal, por otra parte. Es complicado mantener la calma en el fútbol cuando las cosas no salen. Nadie sabía si Herrera era el culpable, pero en este deporte la cabeza visible se encuentra en el banquillo, por más que los que fallan estén dentro del rectángulo. Fuera de las malas formas del club a la hora de despedirle, las lágrimas de Paco Herrera simbolizaban las de una afición que tiene que agradecerle el trabajo, el esfuerzo y la cercanía. 


A la noticia del cese de Herrera le seguía la de su futuro sustituto. El elegido era Abel, que en los últimos años ha aparecido en los equipos con dificultades y que, según reza la estadística, sabe sacar estas situaciones adelante. El fantasma de Herrera aún sobrevolaba por encima de las opiniones acerca del nuevo elegido, hasta que se filtró el nombre del que acompañaría al ex portero atlético como segundo. Era, ni más ni menos, que Salva Ballesta. 
Y ahí sí que se rompió el nudo en el estómago que se trataba de digerir después del adiós forzado de Herrera. Y volvieron a echar humo las redes sociales. Salva, ex delantero en nómina de varios equipos de Primera, no era especialmente querido en Vigo. Sus opiniones y actitudes a lo largo de su carrera le habían significado como 'non grato' para la grada; filias y fobias reflejadas en  declaraciones que no habían dejado indiferentes a nadie (salvo al que no las leyó o escuchó). A mí, particularmente, se me bajó el café a la altura de las zapatillas, que buscaban suelo firme para apoyarme y asumir la noticia. Lo que Salva representaba fuera de lo futbolístico no lo quería para mi equipo. Sin más. 


Los medios encontraron la noticia en el llamado “veto” a Salva por parte de un grupo reducido de “celtarras”. Y la mecha prendida avanzaba directa a la dinamita. Tocaba ronda de platós del ínclito Ballesta y artículos de opinión (enmascarados como textos informativos, un clásico) proyectando la imagen del mártir marginado profesionalmente por ser “muy español”. El circo había llegado a Vigo y nadie se había enterado. 
Y la terminología, útil si se utiliza correctamente pero cruel si quieres voltear la realidad, se presentó como candidata a protagonista del show. Se utilizó descontextualizado el “muy español”, se orientó políticamente hacia el independentismo, se generalizó el término “celtarra” para referirse a todo hincha del Celta de manera casi peyorativa (“Celtarra”, con mayúscula, es un nombre propio de un sector de aficionados con ideas determinadas y que tiene todo el derecho del mundo a manifestarse; pero no es el término preciso para referirse a toda la afición), se deconstruyó la información para convertirla en noticia y se sobredimensionó con el titular en una práctica más cercana al sensacionalismo que a la mera labor informativa que deben tener los titulares. 


Por no entrar en matices y dejar atrás quién dijo qué y por qué, El País publica como añadido al artículo referente a la no llegada de Salva Ballesta un texto de Juan Morenilla (¡de 2007!) que desgrana la personalidad del mártir del día. Aquí el link para el que guste.
Por lo demás, dejar correr el agua. Ya se hizo cuando Julián Ruiz decidió vomitar sobre su blog “El cortador de césped” una serie de improperios contra la afición del Celta que pasaron de puntillas por las portadas que ahora magnifican el “atentado” contra Ballesta. Objetivamente, sería la decisión de un club de atender a llamadas de la afición (como cuenta de nuevo Juan Carlos Álvarez hoy en el Faro) para tomar una decisión que, entiendo, puede ser respetable o no. Pedimos que se oiga a la afición y cuando se hace, está mal... En fin. 


Y, detrás de la maraña, queda el rostro de Abel en su futura presentación atendiendo a preguntas incómodas después de una forma de actuar que le deja ciertamente en evidencia. Pero esto tiene que ser un borrón sin importancia para centrarse rápidamente en lo que sí que es importante: la recuperación del equipo, anímica y deportivamente. Como dice Rafa Valero en Twitter, que Abel logre la permanencia, con eso estará todo pagado. 
Así que suerte, Abel. Y sobre todo, muchas gracias, Don Paco Herrera. Gracias por haber vivido por y para el Celta el tiempo que pudo. Ha sido un placer.

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