Balaídos y El Día Después

Trabajar para El Día Después me ha dado la oportunidad de vivir el fútbol desde dentro; desde abajo, desde el césped, desde un punto de vista diferente al que lo había observado siempre. Y también he tenido la oportunidad de trabajar en campos de Primera División en los que te das cuenta de la diferencia entre norte-sur, aficiones, actitudes y magnitud del club al que pertenece. Y todo desde un lugar privilegiado para la observación. Pero donde he disfrutado siempre es en Vigo.

Balaídos, de vuelta a la élite, ha sido el lugar perfecto para grabar este año. Yo he estado 3 veces, pero el resto de compañeros que han pasado, han salido siempre encantados. Es importante remarcar que los campos de equipos recién ascendidos son siempre los más agradecidos. La gente va con más ganas, hay nuevos futbolistas que “el gran público” no conoce y siempre te pueden sorprender esos imponderables que existen en el mundo del fútbol: los aficionados.

Para el primer programa me tocó viajar a Vigo para el Celta-Osasuna. Acababa de comenzar la temporada y la idea en la cabeza era Aspas. Jugador al que no se le había hecho un seguimiento y que, seguramente para los de fuera de Vigo y de los que habían seguido la Segunda, era un desconocido. Lo tenía todo para ser “televisivo”: decisivo para el equipo, referencia en ataque, goleador y, sobre todo, muy expresivo. La idea se desvaneció en las dos horas previas al inicio del partido. Y es que la grada del estadio era un hervidero de gente, de imágenes nuevas, de situaciones que darían juego para el resto de la temporada.

A pesar de la fama que se ha creado (recordemos la lona, la falta de afluencia, el carácter de la afición los últimos años en Primera), Balaídos es un estadio singular y que de nuevo despierta del letargo con el ascenso y la nueva temporada. Una visual por todas las gradas nos sirvió para presentar en sociedad a una afición que tenía ganas de animar, que disfrutaba del fútbol en la máxima categoría y que era una relativa desconocida. Aquellas imágenes se podían haber quedado en una aportación para la clásica sección de “Lo que el ojo no ve”, pero la decisión final fue convertir aquel escaparate de aficionados en un vídeo.

Y gustó. Dentro de la redacción, me refiero. Hizo gracia, despertó el interés por la grada en Balaídos.

El siguiente partido del Celta que me tocó fue fuera: en Mestalla contra el Valencia. Las horas previas las pasé cerca del estadio che, en el bar de Manolo el del bombo, por donde ya pululaban celtistas viajeros que no han abandonado al equipo en todo lo que llevamos de temporada. Y me reencontré con Noel, ese maravilloso irlandés al que había conocido en Pucela la temporada anterior, el día que grabé el reportaje sobre la invasión celeste. Pero tocaba fútbol y tocaba el Valencia. Por interés mediático, supongo. Pero el giro de tuerca que ocurre cuando grabamos, volvió a tornar la idea una vez comenzado el trabajo. Dejamos un micro cerca del banquillo del Celta, porque iba perdiendo y para atender, además de al fútbol, cómo el posible nerviosismo afectaba a los que no jugaban. Y salió de nuevo. Bustos, Sergio y, como no, Aspas.

Fue un partido de nervios; primero aparecieron para los valencianistas porque, a pesar de ganar, el Celta dominaba; después, se apoderaron del banquillo celeste, con una ocasión fallada de Aspas que él mismo trataba de explicar: le había pegado a romper.

La vuelta a Balaídos fue el día del derbi, que regresaba a Primera. Esta vez sí que entró en juego Aspas en duelo con un veterano como Marchena. Sus luchas con y sin balón, sus “cambios de impresiones”, esos subterfugios que hacen grande al fútbol. Efectivamente, Aspas era el objetivo perfecto para una cámara de El Día Después. A pie de campo, los que venían de Coruña reafirmaban lo que sabíamos en Vigo: “Este chaval es muy bueno”. Y no podíamos perder de vista la grada, por supuesto. Así que parte del partido me la pasé grabando con una minicámara a un chico que, desde el principio, me había hecho gracia. En Gol, con sus amigos, se enfrentaba después de caminar al otro extremo el solo con los aficionados del Depor. Celebrando el gol, entrando en una pequeña depresión con la expulsión de Cabral, intentando animar y desesperándose. Vamos, pasando por lasfases que todo hincha vive en un partido de la máxima rivalidad.

Y el cierre a mi experiencia en Canal Plus y en El Día Después tenía que ser, como no, de nuevo en Vigo. Qué mejor manera, con mi equipo, en mi estadio y con mi afición. Esa afición. Otra vez, el tiro inicial cambiaba al presentarme en el estadio. Si el protagonista a todas luces era Orellana en su regreso a Balaídos para ver jugar al Celta con el chileno tratando de recuperar el tiempo perdido en Granada, la afición volvió a robárselo de manera absoluta. Era época de Carnaval, pero ni se me había pasado por la cabeza que el estadio se fuese a convertir en un sambódromo lleno de disfraces de todo tipo, juerga, fiesta y baile. De nuevo, Balaídos 1 – Mauro 0.

Otra vez la gente, la originalidad, la capacidad para pasárselo bien y de, repito como antes, disfrutar de que estamos en Primera. Entre toda la fiesta, un curioso incidente entre la grada Vodafone y Marcador que no fuimos capaces de desvelar. Apostamos por la molestia que generaba una bandera, pero era mera interpretación. Solo por la discusión de un Cupido merecía la pena el riesgo.

A lo largo de la temporada, Aspas y la grada han sido un filón. Es difícil para los que trabajamos para el programa conseguir imágenes o historias buenas para emitir, pero Balaídos es un lugar perfecto. Eso sí, habría que “denunciar” los malditos petos de Li-Ning talla XS que nos tenemos que enfundar con dificultades. Pero eso es un pequeño lunar después de lo bien que lo hemos pasado en el programa grabando allí. Esos Reyes Magos de Rio Bajo se han hecho un hueco en el corazón de todos.

Balaídos ha sido históricamente un campo muy grabado por las cámaras de El Día Después, y esperemos que lo siga siendo mucho tiempo. Eso significaría que el equipo está en primera y que la afición no pierde el sentido del humor con el que se tiene que vivir el fútbol en directo.

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