El triunfo del clavo ardiendo

Balaídos vivió el sábado la recompensa al ejercicio de fe del Celta y del celtismo. A unos jugadores y una afición que creyeron que podían levantar las estadísticas a su favor luchando hasta el final. Un premio que la hinchada celeste se ha ganado con creces este año con su apoyo incondicional y desfallecido a su club, la gratificación que el propio equipo se ha merecido por momentos en la temporada y de la que el fútbol con sus caprichos le ha privado a menudo y hecho sufrir hasta el pitido final.

Fe inquebrantable a falta de fútbol, trabajo y garra como virtud para paliar sus defectos. Así ha acabado el Celta la temporada. Ha servido para lograr el objetivo, para devolver a su gente un poquito de todo lo que ésta le ha dado. El esfuerzo era lo que menos se podía pedir, la salvación el regalo tan merecido que parecía hace dos semanas tan lejano. El Celta se aferró al clavo ardiendo y el destino al fin se acordó de él.

Sin embargo, tras el glorioso disfrute tocará hacer balance de los motivos a tal sufrimiento, y de darse cuenta de que 37 puntos pocas veces te van a salvar. Pero más allá de todo lo que haya que corregir y resolver, se presenta una oportunidad de hacer las cosas bien y un panorama alentador con las arcas razonablemente llenas y en Primera. La cúpula celeste tiene ante sí la posibilidad de darle a su proyecto el impulso definitivo para consolidarse en la élite con una economía saneada y un gran equipo cimentado en la casa, mejorado con lo que se traiga de fuera, e identificado con su gente. La Real, de cuyo éxito nos beneficiamos el sábado, podría ser un buen ejemplo a seguir.

Tiempo habrá de planificar la próxima temporada, aunque algunas cosas no deberían hacerse esperar, como la campaña de abonados, aprovechando la satisfacción que la consecución y la manera de alcanzar la permanencia han supuesto. Gran parte de la salvación se la debe el club a su parroquia, y a esa creciente naturaleza para saber sufrir y arropar a los suyos cuando más lo necesitan. Ahora es la directiva quién no puede fallar y dejar de aprovechar esta oportunidad que el “milagro” del sábado les ha brindado. 

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