Una bomba a punto de explotar

La noticia avanzada ayer por Víctor López en Radio Galega, anunciando la retirada de la capitanía a Hugo Mallo por parte de Óscar García, revelaba un hecho que ya muchos presuponíamos: el Celta está a la deriva, con un proyecto que flaquea por las cuatro esquinas y habiéndose convertido en un hervidero de polémicas.

Es muy complejo analizar qué ha pasado para que el entrenador, máximo responsable del vestuario, haya decidido apartar del brazalete a una institución como Hugo Mallo. Diría que es casi imposible determinar si hay algún culpable en esa situación o si realmente se debería señalar a alguien. Al final, la única realidad que existe es que Óscar, que no deja de ser el capitán del proyecto, no confía en el de Marín para ser el capitán. Y sin tener apenas ningún dato sobre los motivos que han llevado a tal desencuentro, por parte de ambos, no es posible realizar ningún tipo de valoración.

Hoy Óscar ha salido del embrollo como ha podido, dando una explicación conciliadora con todas las partes en el previo de una rueda de prensa pregrabada. No ha habido opción a repreguntar al técnico sobre el asunto, porque el Celta, en un nuevo alarde de vanguardia tecnológica, considera más apropiado -o más cómodo- solicitar preguntas a los periodistas 24 horas antes de grabar la rueda de prensa.

La situación es tremendamente preocupante. A la falta de argumentos deportivos, más allá de insuficientes y esporádicos brotes verdes, se suman a la actualidad del Celta cada semana episodios extradeportivos demasiado polémicos. Óscar nunca ocultó su decepción con el mercado. Su principal problema, seguramente, fue que esa decepción la llevó al terreno público. Y de forma reiterada. Un proceder que siempre ha chirriado a los altos cargos del club olívico. Eso, sumado a la falta de rendimiento deportivo, lo ha mantenido últimamente en la cuerda floja. 

Este último episodio apunta a ser la gota que colme el vaso. La tormenta perfecta para encontrar ese pretexto que coloque a Óscar García lejos de Vigo. Hasta no sería de extrañar que alguno haya aplaudido. Al fin y al cabo, una vez se conoció la noticia, la opinión pública se posicionó, de forma generalizada, a favor de Hugo Mallo. Se le concedió el beneficio de la duda al de Marín y se señaló al entrenador. Esto, evidentemente, es algo que allana el camino hacia una posible destitución si ante la Real Sociedad o ante el Elche la cosa no funciona. 

El Celta se ha ganado, por méritos propios, ser posiblemente uno de los equipos con mayor capacidad de autodestrucción de toda La Liga. El club lleva demasiados meses sumido en una crisis deportiva que cada día va a más. A la falta de proyecto, se suman bandazos continuos y problemas viciados extradeportivos, sin que nadie asuma responsabilidades y retome el liderazgo de una entidad que necesita volver a encontrarse. 

Óscar sabe que maneja entre manos una bomba que está a punto de explotar. Sabe que no cuenta con el apoyo total de la directiva y sabe que el gesto con Hugo Mallo va en contra de su continuidad en el club. Sus razones tendrá. Mientras, el técnico catalán confía en su método. “Estamos sentando las bases para el Celta del futuro”, comentaba hoy en rueda de prensa. Desde luego, a optimista le ganan pocos.

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