Fran Escribá: caso archivado

Fran Escribá ya es historia. La destitución era un asunto ineludible, vista la falta de reacción del Celta, anquilosado, al borde de la quiebra anímica y en puestos de descenso cuando se cierra el primer tercio de campeonato. La situación requería una medida radical como es el cambio del cuerpo técnico, al que, no obstante, hay poco que objetar. El entrenador y sus auxiliares fueron pacientes cuando debían, valientes cuando la coyuntura lo demandaba. Un servicio comprometido que el club gratificó con confianza y elegancia, manejando los tiempos como era razonable, mostando que el pasado algo ha influido en esta directiva. Escribá rindió cuentas como máximo responsable, mas otros elementos comulgaron para torcer la carrera del valenciano en el banquillo olívico.

La plana mayor vio, a la conclusión de la temporada pasada, la necesidad de tener continuidad en un proyecto, de explorar el potencial de una fórmula que significó la salvación. Sin los cimientos defensivos y el carácter de Escribá, ni el genio de Aspas habría bastado. A mayores, el respaldo de la plantilla invitaba al optimismo, máxime en un grupo ya veterano, que ha atravesado etapas de muy distinto signo. Si lógica fue la decisión de seguir contando con Escribá para este curso, lógica fue la gestión de los tiempos en esta crisis que atraviesa el Celta.

El carrusel de fútbol intrasemanal podía implicar un giro en la racha de los del trisquel. La acumulación de jornadas es siempre un factor que iguala la competición; por simple accidente, el equipo podía acceder a una serie de resultados positivos que revirtiese la falta de confianza, dando oxígeno al preparador para encontrar un rumbo satisfactorio. Además, un nuevo inquilino habría tenido que lidiar con la falta de tiempo para preparar más que la táctica específica del siguiente rival y los entrenamientos de recuperación, ligando el provenir a los resultados. Ahora, el escogido tendrá lo que resta de semana para aclimatarse, una cita sin nada que perder el sábado, y otra semana completa para completar la transición. Hay que alabar el criterio del club para este recambio.

¿Qué sucedió con Escribá, realmente? La circunstancia que significó su cabeza fue la incapacidad de optimizar —expresión licencia de Alejandro García Reza— el equipo. El entrenador abandonó los cambios en la circulación por carriles que había preparado durante la pretemporada para buscar un fútbol en el que sucediesen pocas cosas, confiado en que la calidad individual haría el resto. Un planteamiento lógico cuando la plantilla no concuerda con las inquietudes de quien debe dibujar la alineación, pero demasiado dependiente del estado de forma, de la confianza, del acierto del cuarteto atacante.

 

En ese sentido, la apuesta del valenciano podía haber salido cara o cruz, y salió cruz., aunque cabe decir que el castigo fue excesivo, no sólo para los errores del propio entrenador (debacles en Ipurúa y Mendizorrotza), sino para los de los futbolistas. El Celta nunca ha tenido en lo que va de temporada los elementos a su favor, e incluso frente al Real Madrid, con la expulsión de Luka Modric, el rival mostró un acierto fuera de los parámetros más optimistas. Todo lo contrario que el celebrado tercio atacante de los celestes, que junta a uno de los máximos asistentes de la pasada Liga, y gran llegador, Brais Méndez; al delantero más eficaz en la relación de minutos y goles, Santi Mina; al tres veces consecutivas Zarra, Iago Aspas; y a dos complementos perfectos para todo ese caudal ofensivo, Denis Suárez y Rafa Alcántara.

Los infortunios convirtieron la gestión de Escribá en una lucha por adaptarse a las circunstancias, limitando la iniciativa propia y abusando sobremanera del resultadismo: doble expulsión ante el Granada, expulsión y pérdida de marca en el gol de la Real Sociedad, doble fallo al defender el área ante el Betis, error individual que conduce a gol del Getafe. Demasiada penalización para los deslices, nunca un premio en forma de concesión del oponente.

En realidad, los dos encuentros que sentenciaron a Escribá fueron también los que mostraron signos de mejoría, estadísticamente tangibles en el apartado ofensivo. Mas sendas derrotas colocaron al conjunto ante un desafío demasiado grande. La mejoría, pírrica, se apoyaba en los hombros de futbolistas con claros signos de estar acusando la presión. La fórmula estaba a punto de alcanzar su techo, y el recurso a la agresividad y la verticalidad fue insuficiente porque delante tenían a un Getafe curtido y resiliente.

Difícil tarea la de precisar cuál fue la responsabilidad exacta de Escribá en la sobrevenida crisis de juego y resultados. Sea como fuere, el método tenía serias limitaciones y en ningún momento acercó a los jugadores a la mejor versión posible, ni individual ni colectiva. Incluso así, queda la sensación de que el Celta podría y debería haber competido mejor, y que el recorrido de Escribá, con toda probabilidad, aparentaba ser más largo. Se archiva la causa por falta de pruebas.

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