Fe ciega

Enhorabuena. Sí, te felicito a ti, el lector o la lectora que está dedicando unos minutos a estas líneas. Supongo que tu afinidad hacia el Celta de Vigo te habrá traído hasta aquí, y también supongo que crees que esta felicitación va ligada a la consecución de una permanencia que, aunque todavía no es matemática, pronto lo será. Pero no, no estoy hablando de nuestro equipo de fútbol; ni siquiera estoy escribiendo sobre fútbol: estoy hablando de ti, de mí, y de todos nosotros. Enhorabuena.

Nuestro equipo poco se merece esta temporada. Seamos honestos: apenas hay cinco o seis jugadores que han estado a la altura de las circunstancias; a la altura del objetivo que se planteaba al inicio de la campaña. Tampoco lo ha estado la directiva, y mucho menos la entidad o el club, hasta que (por fin) se vieron con el agua al cuello. Poco o nada se ha hecho por dejar al Celta en la posición de la tabla que se merece por historia… y mucho menos por afición. Porque sí: este es un texto para ti, la AFICIÓN.

La Liga, junto con aficiones unidas, han decidido que este año la del Celta ha sido la mejor del torneo. Donde cualquier otra hubiera desistido, donde cualquier otra (insisto, de cara a las expectativas generadas) habría tirado la toalla, la nuestra se ha erigido como una afición única que por desgracia llevaba año y medio algo adormilada en medio de un océano de mediocridad. En este periodo de poca preocupación, de poca motivación mirando en las dos direcciones posibles, hacia arriba o hacia abajo, no fue hasta que nos metimos en verdaderos problemas cuando volvimos a demostrar lo que realmente somos: la mejor afición de este país.

En el descanso del partido frente al Villarreal estábamos a siete puntos de la salvación, y poco más de un mes después, estamos a punto de exhalar el último aliento de tranquilidad. Durante la segunda parte del partido de anoche se canta “A Rianxeira” en Balaídos, y una mezcla de sentimientos se agolpan en mi pecho: orgullo (sobre todo), alegría, pero también rabia, porque se está entonando la canción de las grandes gestas para un objetivo que a priori no debería ser el nuestro. Pero es que somos nosotros los que lo hemos conseguido, no ellos. Quedada tras quedada, recibimiento tras recibimiento y aliento tras aliento. Nosotros hemos vuelto a ganar.

Ahora, cuando ya todo está en nuestras manos, miramos de reojo a los rivales directos, pero ellos no disponen de esta maravillosa baza de la cual gozamos nosotros. Ellos fallan, y nosotros seguimos creyendo hasta el final en que continuaremos en la categoría que nos pertenece, pase lo que pase. Porque muchos sabíamos que el año que viene asistiríamos a Balaídos de nuevo para hacer lo que sabemos hacer, animar a esos chicos vestidos de celeste, jugasen contra el Barça o jugasen contra el Numancia. Y esa fe ciega ha sido precisamente la que nos ha traído a este momento.

Nunca deixedes de crer.

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