Cantar Victoria

         “Es demasiado pronto” me repito cual mantra. Sin embargo, la realidad me empuja hacia los confortables brazos del optimismo. Toda la situación generada en la última semana alrededor de equipo y afición no hace más que reafirmarme en mis palabras de enero: este año nos salvaremos. Siempre lo he creído, y por supuesto ahora lo sigo creyendo (aún a riesgo de pillarme los dedos por darlo por sentado antes de tiempo). Noto demasiado optimismo: cuidado.

De hecho, opino que eso es lo único que podría condenarnos al fracaso. El que la emoción sobrevenida a un éxito del que ya nos habíamos olvidado, nos conduzca a una caída mayor. Todo en exceso en esta vida suele resultar innegablemente negativo. Incluso un optimismo exacerbado causado por unos resultados que ya son inapelables; la cuestión es por qué se han producido tales resultados. Ha sido una gran semana, sí, casi inmejorable (de no ser por un, precisamente, exceso de confianza con un resultado favorable), no obstante, todo se centra en la figura de un único futbolista.

Iago Aspas hace posible lo imposible. Sólo sus ganas de ganar superan su fe ciega en que algo va a suceder, y finalmente así sucede. Él es la pura definición de ‘afouteza’, y es en los momentos delicados como los tres meses sufridos sin su presencia, cuando uno se percata de todo lo que nos da, de cada regalo que supone un minuto vistiendo esta camiseta. En otras temporadas, en las que además contábamos con figuras como las de Nolito, Orellana, Wass o el ‘Tucu’, quizá su ausencia se relativizaba, pero con una plantilla hilvanada con hilos tan jóvenes… es normal que el tejido se descomponga en cuanto la aguja se rompe.

Aunque sea demasiado pronto para sentenciar que esta temporada mantendremos la categoría, con Iago sé que puede conseguirse perfectamente. Si él quiere (y puede), lograremos salvarnos. El calendario venidero quizás no sea el mejor de entre los que manejan nuestros rivales, pero eso con Aspas sobre el césped es lo de menos. De hecho, al Atlético de Madrid, y en el Metropolitano, nos enfrentaremos sin (por fin puedo decirlo) el mejor jugador de nuestra historia. Pero nuestra tendencia al alza, la dinámica obtenida esta grata semana, la falta de motivación de un Atlético que ya no se juega nada y sus notables bajas serán factores determinantes.

Le remontamos al Villarreal cuando todo parecía ya perdido. El Huesca nos remontó a nosotros, y aún así no nos dimos por vencimos y sacamos un punto donde en cualquier otro contexto jamás lo habríamos sacado. Y después a la Real le remontamos también con justicia, pero guardaos vuestras lágrimas porque la guerra todavía no ha terminado. Ha sido dura, larga, triste y se nos dio por muertos antes de tiempo. No cometamos ese mismo error; quedan siete partidos, y como mínimo habrá que ganar otros tres… Los celtistas aún no podemos cantar victoria.

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