Cuando el barco se hunde

   Decía Cardoso en la rueda de prensa previa del partido frente al Valencia que “los barcos salen a faenar llueva o truene”. El técnico portugués afirmaba que, frente a su ventana, observaba cada día el mismo panorama, se diesen las condiciones climáticas que se diesen, con una estrategia ‘buenista’ que (creo) trata, por todos los medios, de lograr que el aficionado celeste se suba a su barco particular, valga la ironía de la frase hecha. El quid de la cuestión, sin embargo, reside en que, por mucha fe que deposites en tu navío, éste debe reunir ciertas condiciones, máxime si su casco está repleto de agujeros…

Tras una nueva derrota del conjunto de Vigo, la cuarta consecutiva, es momento para la reflexión. El capitán Hugo Mallo declaraba también a lo largo de la semana que “es tiempo de hablar en el campo”. Pues no; hay que hablar ahora. Hay preguntas que deben ser respondidas por todos ellos. ¿Qué os está ocurriendo? ¿Estáis bien físicamente? ¿Psicológicamente? ¿Os creéis realmente capaces de sacar esto adelante? ¿Dónde os veis al final de la temporada? Sentado en mi grada de río alto, contemplo a estos once futbolistas que me representan con tristeza. Con nostalgia de tiempos mejores. Con cierta rabia. Y necesito respuestas. Yo, y otros catorce mil marineros que me acompañan.

“Remar en la misma dirección”, siguiendo esta línea náutica, es el tópico de moda en la actualidad. Y el que más me cansa ya. Veo a los jugadores a través de las redes llamando a la unidad. A la afición llamando a la unidad. A la directiva llamando a la unidad. Pero luego, los protagonistas, parecen combatir las batallas por su cuenta. Ni Marie Kondo (tan en boga últimamente) podría darle cohesión a un bloque tan desordenado, desequilibrado e inconexo. Ningún capitán, sea futbolístico o sea marino, parece capaz de revertir la situación… pero sólo una persona puede, al menos, salvarnos del hundimiento: Iago Aspas.

El de Moaña es el único que maquilla otra decepcionante temporada. El cabo primero que se dedica a poner parches en un barco a punto de irse a pique. Con él, las derrotas como la de anoche se transforman en empates, y algunos empates en victorias, y no sólo por sus goles, sino por todo lo que el aficionado del Celta sabemos de lo que es capaz dentro del terreno de juego, pero también dentro de ese vestuario, cuando los resultados no salen. A la conclusión del encuentro, de hecho, el entrenador se muestra satisfecho ante los medios; permitidme el cinismo, pero a este ritmo parece desear que añoremos a Unzué.

Psicológicamente estoy como el equipo: roto. Pero sigo creyendo en que, con Iago, la diferencia entre descender o navegar en aguas tranquilas se hará patente (y que no vuelva a lesionarse, por el amor del cielo...) Porque todavía hay tiempo de, al menos, vivir otro año más en primera división, antes de tocar, definitivamente, el fondo. Empieza la nueva liga para los nuestros: una nueva pugna por evitar el ahogamiento, tantas temporadas después. Ni cuatros por ciento ni nada: trabajo, trabajo y trabajo por parte de todos, desde el presidente hasta el utillero; antes de que el barco, definitivamente, se hunda.

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS