Al 2019 le pido diversión

2018 acabó para el Celta siguiendo la tónica del año: aburriendo. Fue un justo epílogo para un año de sinsabores. Un año gris, navegando entre medianías y sin opositar siquiera a puestos europeos. Un año salpicado de algún que otro dulce recuerdo pero que se resume de forma relativamente sencilla. El Celta aburre.

El Celta ya no te atrapa. No te obliga a sentarte en el sofá, seas del equipo que seas, porque su partido va a ser trepidante. No deja de ser meritorio cuando posees la mejor pareja delantera en años y al, posiblemente, mejor futbolista de la historia. El del Celta de estos años es el lastimoso relato de cómo desperdiciar potencial jornada tras jornada.

Con el técnico portugués al mando, es cierto, el Celta ha mejorado. Algo, al menos. No es demasiado meritorio a sabiendas de que el nivel de su predecesor fue espantoso. Apunta a un equipo reconocible, que tiene las ideas claras y un patrón muy definido. Cardoso sabe qué camino quiere seguir para alcanzar sus objetivos. Es lo mínimo que se le debe exigir a un entrenador de la élite, evidentemente. A partir de ahí le toca construir con las herramientas que tiene. Y es en ese punto donde la cosa se empieza a torcer.

Se entiende poco su apuesta continuada por Jozabed teniendo a jóvenes valores como Lobotka y Beltrán ya recuperados. Se entienden poco sus rotaciones y lecturas de partido: optar por 5 defensas cuando dominas 0-3 un partido, usar a Fran Beltrán como 2ª punta ante la lesión de Aspas, cambios poco ofensivos que no alteran el curso del choque cuando necesitas remontar, falta de alternativas para dañar a equipos cerradas…

Al final, el Celta es, hoy por hoy, un equipo que dista mucho de tener el empaque suficiente como para alcanzar cosas serias y para evitar volver a ser una medianía que navegue por la clasificación sin objetivo mayor que el de no sufrir. Sólo en Vila-Real, ante un equipo en horas bajas, los celestes dieron la impresión de poder realmente optar a algo ilusionante. No hablo ya de conseguir o no conseguir. Sólo de optar a ello. Esa verticalidad tan necesaria como escasa que martirizó a los castellonenses. Presión alta, robos en campo rival, triangulaciones rápidas, laterales largos, explosividad en metros finales. Ingredientes que recordaron a la mejor época de Berizzo. El Celta corrió y se divirtió.

Por eso al 2019 le pido diversión. Ni Europa, ni 60 puntos, ni ganar. Le pido que el Celta me vuelva a divertir. Que ver al Celta vuelva a ser emocionante. Que te obligue ir a Balaídos, que te atrape en el sofá. Que apetezca ver al Celta. Que no sea lo rutinario, lo gris, lo aburrido y lo de siempre. Que el partido ante el Villarreal sea un patrón. Volver a un Celta trepidante que prefiera un 5-4 a un 1-0. Es, o eso creo al menos, el camino más próximo para volver a optar a algo exitoso. Por pura fisionomía de plantilla. Por pura planificación. Divertirte para, después, ganar. No queda otra.

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS