Al estilo Berizzo se vive mejor

Tuvo que desmelenarse el Celta para que el equipo volviese a ser mínimamente reconocible. El Betis facilitó todo, con un engranaje táctico muy cuestionable, pero sería injusto no reconocer la capacidad del equipo gallego para creer en una remontada que rozó los tintes épicos y que sólo evitó Canales con un auténtico golazo.

Porque hasta que Maxi Gómez apareció con su habitual mazo, el Betis controló el partido merced a un Celta que solo creó peligro cuando presionó la salida de balón de su rival. Esa presión apenas duró los primeros 20 minutos. Sirvió para dar algún susto, pero poco más. El resto del relato se explica por la absoluta anarquía ofensiva del equipo gallego y el paupérrimo nivel defensivo, que permitió que un rival que llevaba 5 goles en 10 partidos hiciese 3 en 90 minutos.

Y es que el Celta volvió a dar imagen de equipo poco trabajado. De equipo desnortado, sin ideas, que vive de lo que produzca el inmenso manantial de talento ofensivo que tiene. Y nada más. No hay creación, no hay estilo marcado, no hay enfoque claro. Vale tanto A como B. El Celta es la más pura indefinición con una defensa que hace aguas y cuyo principal déficit no es precisamente el estar poco trabajada. Su principal déficit es el nivel de sus jugadores. Escasito, escasito,…

Entre tanta anarquía ofensiva, entre tanto verso suelto, Mohamed dio entrada a Hjulsager. El menos técnico de todos, pero quizá el más colectivo. Entró demasiado revolucionado, pero cuando puso pausa a su juego supo tejer una mínima red ofensiva. Punto para el danés y para el técnico argentino, claro. Le ayudó un notable Brais Méndez que, tras un inicio de temporada dubitativo, parece recobrar el nivel. Entre ambos catalizaron y dieron sentido al juego ofensivo del equipo. Propiciaron el ida y vuelta mientras el Betis, con una ‘caraja’ de libro, se deshacía.

El Celta fue entonces afouteza y fue corazón. Los jugadores soltaron amarras. Se divirtieron. Corrieron. Contragolpe arriba, contragolpe abajo. Y Maxi golpeando con su mazo. El Celta más ‘totista’ desde que el ‘Toto’ se fue apareció en el Benito Villamarín para regalar posiblemente el mejor partido de fútbol de lo que va de campeonato.

Resulta tremendamente complejo sacar conclusiones con este equipo. El nivel de las últimas jornadas era tan bajo que cualquier mínima mejora que haya permite un resquicio de ilusión. Con todo, el equipo parece con más confianza, hay gol a patadas y la gestión de los cambios de Mohamed semeja ser bastante más acertada. En el debe, sin embargo, sigue la imagen general de equipo sin ideas, que se rompe fácilmente, atascado para construir en fase ofensiva y regalando jornada tras jornada en defensa.

Un equipo, a fin de cuentas, que se queda escaso. Demasiada plantilla para tan pocas soluciones. Y los dedos acusadores, por ahora, siguen señalando al banquillo. Margen, eso sí, tiene. Que las pocas luces que se vislumbran ahora empiecen a ser dominantes. Ahí empezará a brillar como debe este Celta 2018/2019.

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