Siniestro Total

“¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?”, decía la clásica canción de Siniestro Total. Estos vigueses de pura cepa se habían inspirado en la famosa obra pictórica de Paul Gauguin para titular su tema, con visos de perspectiva filosófica de barrio y pasada de rosca. Resulta algo irónico que sean precisamente ellos los que tan habitualmente representen al Celta allá donde van, e incluso lo honren con su presencia en todo tipo de actos y eventos varios… Supongo que, a día de hoy, todavía se estarán preguntando lo mismo. Como todos.

Esta archiconocida reflexión del pensamiento humano trasciende todas las facetas, incluso la que nos ocupa. Servidor hacía años que no sufría a un conjunto celeste tan inmerso en el indeterminismo existencial. En cierto modo, impulsado por su entrenador, pero también cocinado en los despachos y servido por los propios futbolistas. No sé a ciencia cierta qué está ocurriendo. Las responsabilidades se me dispersan no por evitar ‘mojarme’ todavía, sino porque veo porcentajes de culpabilidad allá donde fijo la vista.

Comenzando por un verano donde las mejores noticias llegaron con la mantenencia de Lobotka y Maxi Gómez, el optimismo cuajó en la mente colectiva. A priori, mantendríamos un bloque consolidado, y además traeríamos a jugadores jóvenes con gran proyección. Quizá olvidamos que los que se quedaban, también lo eran; y mucho. El problema radicó en las promesas de éxito en pretemporada, lideradas por un míster recién llegado que llegó a suspirar por un utópico título liguero. El celtismo colocó, indudablemente, el listón demasiado alto.

Las contrataciones, por ende, no suplieron las salidas de dos centrocampistas titularísimos y de corte mixto como fueron ‘Tucu’ y Wass. Veteranos, experimentados, y con tenencia al despliegue tanto ofensivo como defensivo. Ahora todo se plagó de mediapuntas y la defensa se mantuvo con alfileres: perdimos al mejor de nuestros centrales y a un gran lateral izquierdo en detrimento de dos desconocidos y un zurdo que (de momento) han demostrado menos aún que lo anterior. El equipo, tras el mercado, siguió tan desequilibrado como nos tenía acostumbrados.

Siempre lo más sencillo es mirar al banquillo y buscar allí responsabilidades. En el mundo del fútbol, despedir a un entrenador resulta mucho más fácil que deshacerse de veinte jugadores que no terminan de comulgar con su idea. Es la historia que se repite: pero con un futuro mucho más incierto. Con Juan Carlos Unzué la idea de juego (por enfermizamente débil que fuese) era siempre la misma, y se moría con ella. Aquí, cada jornada es un volantazo, y nuestro bien vestido y elocuente Mohamed no da con ella por más que lo intente. El juego se ha vuelto plano, aburrido, arriesgado; y eso nunca ha gustado a la parroquia viguesa. La última oportunidad para reengancharla se presenta ya contra el Eibar en Balaídos, la próxima jornada.

Mientras tanto, a la directiva parecen interesarle más las cuestiones extradeportivas: el nuevo estadio, las concesiones, las riñas con el alcalde… Los grandes pesos pesados del vestuario como Mallo o Aspas se muestran unidos y con ganas de revertir la situación, pero no dentro del campo, sino en las redes sociales. Emre Mor juega otra partidita de ‘Fortnite’; y yo vuelvo a preguntarme: ¿de dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos? Espero que finalmente se dé respuesta a esas preguntas tan sencillas de contestar en (al menos) el plano futbolístico; antes del siniestro total.

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