Sólo un pensamiento

Ganar, ganar y ganar. La victoria en Valladolid ha permitido al conjunto celeste llegar vivo a la última jornada, a la espera de un tropiezo del Deportivo ante la Real Sociedad. Mucho se habla de ello. De lo que se juega el conjunto vasco en Riazor, de la posibilidad que eso le confiere al Celta. Sin embargo, parece que se da por ganado el duelo de Balaídos ante el Espanyol, y en fútbol todo hay que jugarlo.

El Celta afronta una final en su estadio, más allá de lo que suceda en territorio herculino. Si el equipo de Abel no cumple, no habrá opción. Pero lo cierto es que el triunfo en Valladolid ha vuelto a desatar la euforia. Por un lado debido al volteó de situación, tras salir del Villamarín con el panorama muy negro; por otra parte, por la manera de alcanzar el triunfo, buscándolo de principio a fin. Y así es cómo debe afrontar el Celta el duelo del sábado, sin distracciones ni miedos. Pensando en que no tiene nada que perder, pero sí mucho que ganar. Un espíritu con el que el cuadro vigués doblegó al conjunto pucelano en su campo, pero que pocas veces hemos visto este año, dónde el plantel olívico ha pecado a menudo de timorato o conformista. Se ha agarrotado en sus propios nervios y ha confiado más en intentar contrarrestar la propuesta de su rival que en presentar la suya propia.

Ante el Espanyol, el Celta no puede permitirse ya eso. Más allá del resultado, el equipo debe dejarse el alma en el campo. Luego ya habrá tiempo de mirar a Riazor o de hablar del futuro de Aspas. Cada sentido de cada futbolista o aficionado celestes deben estar el sábado sobre el césped de Balaídos. El resto sobra. El horizonte olívico se presentaría esperanzador en Primera, con una deuda cerca de ser liquidada y crédito para afrontar el 90 aniversario con garantías. Para ello hay que lograr la permanencia y ésta no depende sólo de nosotros, pero también depende en gran medida de nosotros. Deseamos que la Real no falle, pero ante todo no puede fallar el Celta.

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