Mejor empezar de cero

Media hora de pelota, varias carreras amenazantes, y después la nada. En el Celta la confianza en el plan del entrenador dura eso, treinta minutos, el tiempo en que tardan los celestes en abandonarse al pelotazo y la resistencia individual. Nadie discute el empeño de Juan Carlos Unzué en conseguir un conjunto distintivo y protagonista, mas nadie puede afirmar hoy por hoy que el colectivo haya evolucionado desde comienzos de temporada. Y cada vez parece más evidente que en realidad existe una involución, pues en la desesperada búsqueda de una circulación geométrica ha terminado por perderse el brío y el coraje que han caracterizado a este mismo plantel hasta hace apenas unos meses.

A lo largo de esta Liga, el proyecto de Unzué ha alternado ejecuciones sumamente eficaces con otras deplorables. Se lanzaron diagnósticos varios: podía ser que faltase una racha de resultados positivos que asentara al equipo; quizá encontraban problemas contra rivales más defensivos; igual se trataba de encontrar la mejor posición para cada futbolista. A una altura tan respetable como abril, es posible arrojar conclusiones preliminares, a la espera de que se cierre el curso en mejor o peor posición. Y tales conclusiones dejan mal parado a Unzué. Incluso con un billete a Europa más barato de lo que cabría esperar por la talla de los contendientes, incluso con una de las delanteras más efectivas en un campeonato lleno de talento, incluso con la continuidad de un bloque veterano como pocos, la realidad es que el Celta es incapaz de competir la mayoría de los encuentros.

Tiempo y paciencia han abundado, y salvo excepciones, los feligreses han tenido en cuenta los precedentes de Herrera, Luis Enrique y Berizzo para otorgar al nuevo técnico el beneficio de la duda. Ciertos resultados mantuvieron a la afición más o menos conectada a lo largo del invierno, en base a aciertos tácticos, cambios oportunos y el saber hacer de un cuadro que ha vencido en plazas reservadas para una selecta minoría. Esa ilusión se desvaneció en Butarque, con el Celta arrodillado frente a un Leganés que, aunque industrioso, poco tenía que jugarse más que el prestigio. En cambio, los vigueses dejaron pasar una oportunidad magnífica, puede que la última, de colocarse en una posición con acceso al torneo continental. Y la renta fue la que fue gracias a Sergio.

Las expresiones de los jugadores eran una vívida representación de qué ronda por las cabezas de un vestuario a prueba de balas. Todo el esfuerzo, toda la preparación ha sido fútil. Ellos carecen de los medios para alcanzar por sí solos las metas que todos, propios y extraños, esperan de este plantel. Quienes debían proporcionar estos medios han fallado en el cometido. Unzué y el cuerpo técnico han demostrado falta de liderazgo, de soluciones coyunturales y de planes a largo plazo. Esta afirmación en nada ha de desmerecer su calidad profesional, pero sería deshonesto intentar convencer a nadie de que están preparados, ahora mismo, para llevar al Celta al sitio que le corresponde. Sería incomprensible mantener esta situación una vez concluya la campaña: es mejor empezar de cero, dar dos pasos hacia atrás para dar un paso adelante.

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