Unzué dibuja al Celta más gris

Juan Carlos Unzué no carbura. 26 jornadas después de que el navarro iniciara su primera andadura de máximo nivel como responsable de un equipo, las sensaciones no pueden ser más frías. Deambula el Celta undécimo en la clasificación, desnortado en el juego y con los resultados dándole la espalda, algo que coge mayor gravedad cuando el tramo de temporada por el que se transita parecía el más propicio para acercarse al que debe ser el objetivo irrenunciable de la temporada: clasificarse para competiciones europeas.

Pero lo que quizás más debería preocupar de la situación es la involución del proyecto. El problema ya no es sólo de resultados. Es de estilo, de identidad. El Celta bonito pero poco resolutivo de principios de temporada se ha convertido, previo corto paso por un Celta práctico y con colmillo, en un equipo sin jugo. Un grupo gris, con demasiados jugadores a un nivel mediocre, sin ideas desde el banquillo y rescatado por dos futbolistas capitales como son Maxi Gómez y Iago Aspas, amén de la aparición maravillosa de Stanislav Lobotka.

Y no deja de ser paradójico que este mismo grupo esté ofreciendo un rendimiento tan dispar al de las últimas temporadas. La base del equipo no ha variado. Incluso se ha visto aderezada con piezas de mayor nivel que el año pasado, por ejemplo. El gasto en fichajes esta temporada –más de 27 millones de euros- contrasta con el del último verano –casi 7 millones-. Si estas cifras las convertimos en rendimiento, juego y alegrías y las comparamos, el resultado es sonrojante para Juan Carlos Unzué. Porque sí, este grupo de Unzué tiene los mismos puntos que el de Berizzo la temporada pasada. Pero qué diferencia de sensaciones, de resultados, de emociones, de alegrías,… Qué diferencia, al final, de fútbol.

La realidad es que el técnico navarro no da con la tecla. Y va más allá de sistemas. Que si 4-3-3, que si 4-4-2,… Al final, el Celta transmite ser un equipo sin alma. Como si los futbolistas que iban a muerte la temporada pasada no creyesen en lo que el actual técnico propone. Además, ante el primer revés, el repertorio de Unzué no ofrece respuesta. Tampoco tiene respuesta ante los teóricos rivales inferiores que esperan cerrados atrás su oportunidad conocedores del penoso sistema defensivo celeste. Sigue, por otro lado, sin encontrar la forma de reactivar a Sisto y no tiene plan B para cuando los rivales taponan la única salida de juego del equipo: Lobotka. Es desesperante ver cómo la solución cuando no se encuentra al eslovaco consiste en balonazos largos casi siempre sin ton ni son. Al final, ver al Celta ya ha dejado de ser divertido. Es plomizo, soporífero. Gris. Basta con intentar recordar algún partido excelente y completo del equipo esta temporada. Cuesta encontrarlo, porque no lo hay. Y esto es algo que está muy alejado de lo que la grada, como es lógico, demanda. No será por escasez de recursos, desde luego.

Le quedan 12 partidos a Unzué para reconducir el camino y ganarse el permanecer un año más como técnico del Celta. No lo tendrá fácil. Debe reencontrarse con el fútbol y con los resultados para lograr un billete europeo, que está más barato que nunca. Al final, si en algo ha sonreído la suerte al entrenador olívico es en el pobre nivel del resto de competidores, especialmente Athletic, Real Sociedad o incluso el propio Sevilla. Parece que a Europa irá la próxima temporada el menos malo. Tal y como está el panorama, a eso debe agarrarse el equipo.

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