El espejismo

Quique García (ed. propia)

                A menudo la esperanza, la ofuscación, o la ilusión al fin y al cabo, nos empujan a ver cosas donde no las hay. Cuando nos arrastramos por la árida inmensidad del desierto, creemos ver agua en la refracción del aire caliente sobre la superficie de la tierra, allí donde no existe. Creemos con todo nuestro corazón que ahí descubriremos el oasis que nos salvará la vida después de tanto pesar y, finalmente, no hallamos nada… sólo muerte. El Celta se apeó de la Copa del mismo modo, contemplando un precioso espejismo.

                Han sido tres años consecutivos de proezas en la llamada “competición del KO”. Primero, el Atlético de Simeone sufrió nuestra embestida en el Calderón. La temporada pasada, el Madrid sería eliminado por una versión sublime del conjunto celeste. Pero esta temporada no vamos tan bien pertrechados para la travesía, y tras el 1-1 en la ida, creíamos que contra el Barcelona continuaríamos construyendo nuestra historia como beduinos o tuaregs ilustres. Craso error.

                El Barça que pisó Balaídos, plagado de suplentes, no era el verdadero Barça. Sólo era una sombra de lo que en realidad es. Un espejismo. Y nuestro equipo (con, sí, una buena actuación) no logró pasar del empate a uno. Lo peor de esta travesía es que, días después, el Madrid merecería perder en nuestra casa; otro empate, a dos en este caso. Razón que nos llevó a creer aún más, si cabe, en el milagro. Pero un nuevo espejismo; pues este no es el Real Madrid habitual, está francamente mermado mental y físicamente, y nosotros quisimos ver agua donde no la había.

                Fue entonces cuando visitamos el Camp Nou. Y todas nuestras ilusiones se derrumbaron con la facilidad de un castillo de naipes. La versión definitiva del Barcelona nos vaspuleó. Literalmente. Logró endosarnos tres goles en poco más de diez minutos, y con ello destrozó, de pronto, todas las aspiraciones que albergábamos en esta competición. Vacuas, inertes. Porque el objetivo no cambia, y cruzar el desierto sigue siendo nuestra prioridad, sea o no con más o menos agua.

                Este Celta no está diseñado para tales hazañas. No, reconozcámoslo. Suficiente ha sido ya el mantener viva la llama de la esperanza, pero la realidad es que seguimos siendo ese equipo que transita la tabla clasificatoria en el puesto 15. La primera vuelta acabará este mismo domingo a las 12 de la mañana en el Ciutat de Valencia, contra el Levante. Si realmente queremos evitar los espejismos y centrarnos de una vez en la dura realidad del desierto, esta próxima parada, obligatoriamente, debe ser para puntuar sí o sí.

Ahora empieza nuestra nueva etapa, sin distracciones. Caminando de tres en tres pasos. Europa continúa esperándonos al otro lado del páramo baldío, aguardándonos. No facilitemos que la muerte nos encuentre antes de haber siquiera partido. No, somos el Celta y sólo existe una única meta. Seamos lo suficientemente inteligentes de una vez esta temporada para evitar los espejismos.

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