Cero en conducta

Moralejo

Final del partido (menos mal). El Celta no ha querido jugarlo. Nuestro Celta se ha diluido como la sal en el agua en cuanto sus dos emblemas, capitán y crack, han tenido que ausentarse por sanción. Sin embargo, no es esa la única lectura que hay que extraer del encuentro frente al Villarreal, sino otras muchas que, precisamente, no dejan en buen lugar a ninguno de los protagonistas de esta historia.

            En primer lugar, centrémonos en el máximo responsable, a día de hoy, del devenir del equipo. Para bien y/o para mal, es Unzué, nuestro técnico. En el partido de ayer, el navarro no supo dar con la tecla y, además, ni siquiera pareció contar con las aptitudes necesarias para transmitir las ideas adecuadas a sus pupilos. En un partido en el que el Villarreal jugó ‘al trantrán’ (sí, y con muchas más bajas que nosotros), el Celta no generó apenas peligro y en su centro del campo, repleto de teóricos “jugones” todos querían mandar, sin conseguirlo.

            Por otro lado, el conjunto celeste sigue demostrando una fragilidad defensiva escandalosa. Pero no es sólo esa fragilidad la que asusta, sino la psicológica, la mental, la relacionada con el estado de ánimo. Ayer, los jugadores eran el vivo retrato del miedo, la apatía, algo que en Balaídos, para más inri, parece intensificarse. El feudo vigués solía ser un lugar donde poder demostrar nuestra mejor versión, pero ya es una virtud tan lejana que da la impresión de que pertenece a un pasado remoto. Cuando no, no es así.

            Por último, está la cuestión de la propia actitud colectiva. Faltan ideas, falta empuje, falta afouteza y falta inteligencia. Un equipo que aspira (en propias palabras de sus pesos pesados del vestuario) a volver a Europa, no puede tener 18 puntos en 16 jornadas. Así, para lo máximo que da la cosa es para conservar la categoría, y démonos con un canto en los dientes. Sinceramente, el equipo tendría que estar aspirando a lo que sus cabezas visibles promulgaban a inicios de temporada, no sólo a la permanencia; pero cuando el banquillo ni siquiera se presenta a la fiesta… así será muy difícil.

            Hacía mucho frío en la tarde de ayer en Balaídos. Y allí estábamos para animar, como siempre, los de siempre. Resultó imposible. Nuestro equipo no se personó sobre el césped, con la vista puesta en no sé dónde, pero nunca en su irregular presente, que es lo que a día de hoy debería preocuparnos a todos. Hay que ponerse ya las pilas; hay que estudiar mucho, mucho más. Porque cuando no te presentas a los exámenes, te llevas un cero. Un cero en conducta.

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