Unzué no tiene la culpa

Unzué tiene el que, posiblemente, es el papel más difícil para un entrenador en la historia reciente del Celta de Vigo. Dirigir al equipo justo después de Eduardo “Toto” Berizzo.

La comunión entre equipo, entrenador y afición que consiguió Berizzo fue algo que, posiblemente, lo ojos de un celtista nunca habían visto hasta las pasadas 3 temporadas, en las que el argentino estuvo al mando de un equipo que sufrió, soñó e hizo sufrir y soñar a una afición que se llegó a ver en una final europea por primera vez en su historia.

“La conexión emocional y afectiva de Eduardo con la afición del Celta es inigualable. Los sentimientos entienden poco de coherencia”, escribía hace unos días Borja Refojos en su cuenta de twitter cuando servidor, no entendía las críticas a Unzué que procedían de aficionados celestes que defendían a Berizzo de los reproches que llegaban desde buena parte de la afición sevillista. Y es que, obviamente, la reflexión de Refojos es innegable, aunque para muchos, el recuerdo de lo que hizo el de Cruz Alta, empaña la idea y ejecución de Unzué, que, como todo entrenador, necesita tiempo.

Porque en buena parte del celtismo se ha instaurado una rutina. Da igual que el que falle sea Aspas, Wass, Hernández, Mallo o Sergio, la culpa siempre caerá hacia el navarro y tendrá un dedo acusador sobre él, posiblemente, porque Guidetti no remató a puerta de primeras y prefirió dar  un taconazo, o porque Maxi Gómez erró un pase sencillo, algo de lo que Unzué,evidentemente, no tiene la culpa.

El Celta, que ha cambiado el vértigo por el control, suma una línea ascendente en juego desde el empate a 3 ante el Girona, emborronado con el partido ante el Málaga. Ha mostrado, en especial, contra Atlético primero y Sevilla después, que la nueva idea de su entrenador es válida y sólo el paso del tiempo hará cuajar todos los automatismos que pretende instaurar el técnico y entonces sí, será la hora de ver de quién es la culpa.

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