Demasiado poco, Unzué

La derrota de ayer en el Sánchez Pizjuán ha supuesto para el Celta un nuevo frenazo en su intento de escalada clasificatoria. No era desde luego el escenario más propicio para seguir acercándose a Europa, pero en el recuerdo quedará un partido con buenos momentos ante un Sevilla en construcción y quizá más vulnerable de lo habitual. Pudo el Celta matarlo pero fue incapaz. Porque fallaron atrás -como siempre- y fallaron demasiado arriba. Volvió a ser, por enésima vez, ese equipo dócil al que le remonta el primero que pasa por la esquina.

La realidad es que siguen sin conseguir los futbolistas de Unzué un mínimo de consistencia y regularidad en los resultados que permita ser optimistas. No en vano, han sido incapaces de encadenar dos victorias consecutivas en estos tres meses de competición. Preocupante dato, como el que sitúa a los vigueses como el equipo que más puntos ha perdido tras ir por delante en el marcador: nueve. Tela.

Porque 12 jornadas después sigue siendo el Celta un equipo débil. Bonito, sí. Pero débil como pocos. Genera halagos pero tiene 14 puntos. Ya saben, lo de jugar como nunca para perder como siempre. Eso que tanto se vio en Balaídos no hace mucho y que parecía desterrado tras las últimas temporadas.

Nadie puede negar que ayer los de Unzué practicaran un buen fútbol. Divertido por momentos y hasta con el plus de verticalidad que supone dejar a Wass como correcalles por la derecha y acercar a Iago a la punta –al fin, 10 jornadas después-. Pero insuficiente y a cuentagotas. El Sevilla, muy desdibujado, no necesitó demasiado para asustar y marcar. Ayudó, bastante, el constante mal momento que vive Jonny, el único lateral izquierdo de la plantilla y que lleva sin competencia directa cuatro temporadas.

Lo de ayer confirma la tónica habitual del Celta desde que empezó el campeonato. Buenas ideas, momentos de notable juego y un envidiable colmillo goleador. Pero insuficiente casi siempre para ganar, que al final es de lo que va esto, y en conclusión insuficiente para el objetivo, que no debería ser otro que el de regresar a Europa.

Con un tercio del campeonato ya disputado, tiene Unzué bastante, quizá más de lo esperado, que mejorar. A su favor, sin embargo, cuenta con varios elementos. Hay una leve progresión desde agosto. Muy leve, pero la hay. Ha explotado también una vía habitualmente inerte en Vigo: la del balón parado. Sisto –qué jugadorazo es el danés- y su guante permiten que este Celta, por fin, sí tenga armas en las acciones de estrategia. Y sobre todo cuenta Unzué con una plantilla sin exprimir, a la que todavía debe sacarle mucho más jugo.

Le toca remontar al navarro tras un inicio muy titubeante. Tiene las piezas y tiene la idea. Pero falta más. Sabe, o debería saber, que el listón en Liga y Copa lo tiene bastante alto. Y sabe también que este Celta no es el de Luis Enrique, ni el de Herrera ni el del primer año de Berizzo. Este Celta no pelea por la permanencia ni pelea por la media tabla. Este Celta busca ir más allá. Y por ahora, desde luego, no está en el camino.

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