Una soberana estupidez

El Celta se ha pegado un tiro en el pie. En un movimiento inexplicable, el Consejo de Administración que preside Carlos Mouriño decidió no renovar a Eduardo Berizzo. Y es importante este matiz. No fue Berizzo el que decidió hacer las maletas, libre de contrato como estaba, y buscar una nueva aventura. Fue el Celta el que decidió dejar de contar con uno de los entrenadores más exitosos en los 94 años de historia de la entidad.

El motivo se vislumbraba a leguas. Y es un problema crónico que asola a esta entidad desde hace varios años. La incapacidad para dar un paso adelante. La reticencia a crecer. Porque siguen atados al pasado como una losa, con un miedo que supera al respeto siempre obligado y que terminará por convertir los éxitos en algo puramente esporádico, como si el Celta estuviera destinado siempre a ser un mero invitado puntual en las fiestas de más nivel.

Fue Berizzo el que intentó impulsar un cambio de mentalidad. Conectó desde el primer día con su gente, con un celtismo pleno de orgullo en la victora y en la derrota, y supo empapar al vestuario de un gen competitivo hasta su llegada desconocido. Consiguió algo tremendamente complicado: que todo el vestuario confiara ciegamente en su sistema, tan peculiar como emocionante para el espectador. Hizo creer al grupo que no había objetivos imposibles. Que el Celta era algo más que un equipo cuyo objetivo año tras año fuera la permanencia. Que sólo había que creer. Todo esto, tantas veces utilizado en el fútbol como un mero eslogan vacío, consiguió llevarlo a la práctica día tras día, jornada tras jornada. No hubo el premio magno, ese ansiado título, pero puso al equipo en el camino correcto. Sólo había que esperar un poco más. Sólo había que seguir aporreando esa maldita puerta.

Comete un tremendo error el Celta. No hay en el mercado un entrenador de su nivel que el club pueda permitirse. Deja pasar la entidad olívica una oportunidad de oro: pocas veces un técnico por el que se pelean equipos de Champions League o selecciones como Argentina va a dar prioridad al Celta en sus intereses. Porque mientras el Sevilla lo reclamaba, él prefirió esperar a la entidad celeste. Todo para que al final le dijesen que eso de proyectos ambiciosos no tenían cabida hoy por hoy en un Celta que institucionalmente comienza a convertirse en un polvorín.

Nos quedaremos, también, con las ganas de ver a un Celta de más nivel comandado por él. Porque desde que llegó, al argentino le han ido restando piezas clave del juego. Y los repuestos fueron, por incapacidad económica y a veces desacierto en las elecciones, meros parches. Ninguno de los sustitutos de Krohn-Dehli, Augusto, Nolito u Orellana llegaron a dar un rendimiento siquiera similar. Alguno apenas debutó. Las peticiones de Berizzo iban cayendo todas en saco roto. Y aún así el equipo siguió funcionando. Con menos calidad y menos gol, pero aumentando cada temporada el rendimiento. El de Cruz Alta convirtió al Celta en un animal competitivo. Y ahora que existía el convencimiento de que tocar el cielo era posible, buscaba el ‘Toto’ ese salto que permitiera al equipo saber que lo de estas últimas temporadas no fue algo puntual.

No podrá ser y el argentino buscará en otro lugar lo que en su casa no le han querido ofrecer. Mientras, procederemos abochornados a escuchar las razones que da el Celta de esta soberana estupidez, de la peor gestión realizada en los últimos años. Con pillería, y en un proceder habitual, comenzaron esta semana a filtrar a sus medios de cabecera excusas que sirvan como parapeto ante la avalancha de críticas que ya está habiendo. Que si sueldos imposibles, que si supervivencia del club. Todo para ocultar el miedo sempiterno a crecer. Todo para ocultar que Eduardo Berizzo le viene hoy demasiado grande a esta entidad.

Y más allá del libreto que saque el club, el papelón que se viene encima es de aúpa. Papelón para Miñambres buscándole sustituto. Un sustituto que contagie como Berizzo, que compita igual y que intente lograr unos resultados, como mínimo, parecidos. Vamos, algo parecido a un imposible. Papelón para la directiva, que pierde a su primera figura pública en un club en el que la comunicación brilla por su ausencia. Hoy, que se despedía el ‘Toto’, nadie lo acompañó antes los medios. Significativo y triste. Y papelón en especial para Carlos Mouriño, al que no le sientan bien los reveses y que afronta quizá una de sus peores crisis institucionales desde que recondujo el rumbo barco que navegaba a la deriva.

Pero ahora, por doloroso que parezca, toca mirar al futuro. Levantarse tras varios golpes duros, llenar el depósito de la ilusión y honrar a Berizzo como a é le hubiera gustado: manteniendo su gen competitivo, siendo fieles a una idea y aporreando a la puerta. Porque cuando ésta se venga abajo, que lo hará, tú tendrás gran parte de culpa, Eduardo. Estés donde estés, sonreirás y te secarás las lágrimas cuando veas a Hugo levantar el trofeo. Sentirás, y te lo recordaremos, que ese primer título es tan tuyo como nuestro

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