Un aviso para el futuro

Ilusionó en Granada, seguramente porque lo que había enfrente apenas era un grupo de 11 futbolistas que reflejaban posiblemente el peor nivel futbolístico que ha visto la Primera División en años. Pero lo cierto es que la unidad B de este Celta se queda corta, es escasa y a todas luces insuficiente para que el club pueda soñar con regresar a Europa el año que viene, fiándolo todo a un posible momento histórico en Estocolmo el 24 de mayo.

Reconocía Berizzo que en el mal partido de ayer tuvo mucha influencia el novedoso sistema táctico (4-4-2) que intentó poner en marcha. Y no le falta razón. El planteamiento fue un caramelo para un Betis que no se jugaba nada y que baja mucho su rendimiento cuando juega fuera de casa. Pero Balaídos le ofrecía todas las herramientas para, sin lucirse, ganar con demasiada suficiencia. El sistema celeste de cuatro centrocampistas y dos puntas hizo aguas pronto. Nunca generó peligro, nunca mandó en el centro del campo, se renunció a las bandas –refugio habitualmente productivo para el Celta- y permitió a los estiletes béticos mandar sin necesidad apenas de luchar.

Bongonda, que no se encuentra como extremo izquierdo y mucho menos cuando lo sacan de la banda, centró casi todas las críticas. Seguramente los silbidos no sean el mejor remedio, pero el hartazgo de la grada es hasta comprensibe. El belga, que suma más de 2500 minutos esta temporada, sigue sin aportar. Fallón, obcecado, apático y desganado, algo que no perdona la afición. De su cuestionable nivel se contagió el resto. Desde Planas hasta Guidetti, pasando por un desesperante ‘Chelo’ y un Radoja superado por un cuentakilómetros a punto de decir basta. Lo cierto es que a esta segunda unidad le cuesta mucho rendir ante rivales mínimamente competitivos. Y eso que hay futbolistas como Sergi Gómez, Roncaglia o Jozabed que tienen cartel casi de titulares, pero se ven envueltos en un nivel tan bajo por parte del resto que les cuesta más si cabe rendir.

¿Por qué ocurre esto? Hay un argumento fácil, y es el de que ningún equipo terrenal en Primera puede permitirse el lujo de que su banquillo rinda al mismo nivel que su once titular. Una afirmación a todas luces correctas. Todos los equipos sufren si rotan 10 jugadores cada tres días. Pero también existe otra realidad. Ningún equipo que jugaba competición europea esta temporada ha rotado nunca de forma tan radical. El Celta fue el único equipo europeo que apostó por este sistema de rotaciones masivas. Y en verano, Berizzo, consciente de ello, no dejó de transmitirlo públicamente y a la dirección deportiva. O el equipo se reforzaba bien o, con el sistema de rotaciones escogido para intentar alcanzar cotas grandes, se resentiría en alguna competición.

Desoyó la secretaría técnica el deseo del míster. De cinco fichajes en verano, sólo han rendido dos. Un bagaje extremadamente pobre para un club al que se le pide mayor ambición. Y de los cinco que llegaron, sólo Roncaglia fue petición del míster. Una situación parecida ocurrió en invierno. Berizzo volvió a pedir incorporaciones que aumentasen el nivel del equipo, y más tras la salida de Orellana. Aterrizó Jozabed –un gran acierto- y, ante la total incapacidad para incorporar a alguien más contrastado, se optó por fichar a una incógnita, otra más, que esta temporada no iba apenas a aportar.

Berizzo acertó con su planificación de temporada, consciente de que el tipo de juego –intensidad, presión y marcas- que necesita su equipo para funcionar obliga a más rotaciones que el resto. Permitió esta gestión que su mejor once llegara casi siempre en las mejores condiciones a los momentos clave. Pero no tuvo apoyo donde lo requirió. En un banquillo que le permitiera afrontar con más garantías una Liga cuya permanencia está más barata y pobre que nunca y en la que los vigueses, a 7 jornadas para el final, se han quedado sin objetivos.

Y no es para nada descartable que en esta problemática incida Berizzo a la hora de renovar. Porque ya ha avisado el técnico argentino. Para continuar exige mayor ambición en verano. O le dan argumentos para creer en un Celta más grande o cogerá la puerta. Ahí ya le están esperando muchos equipos con ganas de ofrecerle potentes mimbres para que el ‘Toto’ los edulcore con su fe inquebrantable y su inagotable personalidad ganadora.  

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