Oh, la veteranía...

César Quian (ed. propia)

¿Cómo sería el derbi perfecto? Dentro del contexto que nos ocupa, me lo imagino como una pugna heroica entre veintidós futbolistas que no conceden un metro a su rival, que pelean cada balón como si fuese el último, que corren más que nunca hasta casi perder su aliento. Me lo imagino como esa sempiterna batalla por el monopolio de este hermoso país en el que vivimos, en el que sólo una de las dos ciudades puede y podrá considerarse siempre como la mejor de entre las dos. A batalla polo fogar de Breogán.

A mi (todavía) corta edad, he vivido muchos derbis de este calibre. Como el de anoche, y como el que describo en las líneas previas. Sin embargo, durante el evento futbolístico en cuestión las cosas nunca acaban saliendo tal y como me las puedo llegar a imaginar: sufro, me agobio y altero, sudo, grito, me muerdo las uñas y hasta pierdo los papeles. Porque el derbi al fin y al cabo no es de esos veintidós tíos que nos ofrecen el espectáculo, sino nuestro. De todos y cada uno que lo vivimos desde lo más profundo de nuestros corazones. De Antonio Castro, de Breixo Moure, de Iria Couñago… y de Iago Aspas.

El ‘Genio de Moaña’ es uno más. Es otro de esos protagonistas que, este día, se desdobla para ocupar dos posiciones diferentes: sobre el césped y en la grada. Ayer volvió a cuajar un partido algo gris, en la tónica del último mes, y no obstante apareció de nuevo cuando más se le necesitó. Sin recordarnos a aquel jugador vehemente e impulsivo que se acababa “borrando” de este partido años ha a causa de su díscolo carácter. Él es el que marca el signo de los tiempos, los tiempos del Celta. Y celebró su gol; como quizás lo haríamos cada uno de nosotros en ese momento. Incluso como lo haría un ‘blanquiazul’ en la portería contraria.

No, el equipo coruñés apenas ofreció nada a los suyos. Si puso a prueba a Sergio (otro canterano) fue más por los errores célticos que por méritos propios. No podemos negar que tampoco resultara un grandioso partido de los nuestros, pero sin duda una cualidad primó por encima de las demás: nuestro temple, nuestra veteranía. Así como se pudo hablar mucho de calidad (que la tenemos), esa “cabeza fría” sin ninguna duda acabó convirtiéndose en la piedra angular sobre la que se sustentó otra victoria para los celestes en el duelo por la hegemonía gallega. Para el Berizzo entrenador, ya van cuatro de seis posibles.

Quizá no fuese ese derbi soñado, pero a riesgo de que me tachen de resultadista, he de decir que salió tal y como lo imaginé: ganando. Porque al fin y al cabo, los derbis, como las finales, “no se juegan, sino que se ganan”. El ‘Toto’ lo sabía, y así lo rubricó. El míster de este Celta ya va a trascender en la historia como el que más derbis se ha llevado, y es posible que ninguno haya salido tal y como lo imaginó; al fin y al cabo, todas esas ensoñaciones que inconscientemente planean en nuestros pensamientos en los minutos previos al choque son fruto de las pretensiones de cada uno. De un ceder ante la falta de temple, de cautela, de veteranía. Una peculiaridad que, visto lo visto, ahora desaparece en cuanto el balón empieza a rodar.

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