Infortunio Amarillo

Xoan Carlos Gil (edición propia)

En febrero de 1673 Jean-Baptiste Poquelin (Moliére) estrenó una comedia musical titulada "El enfermo imaginario", obra satírica centrada en la labor de los médicos de la época. Pocos días después, en plena representación, el dramaturgo se sintió indispuesto y murió unas horas más tarde en su domicilio, víctima de la tuberculosis. En la representación, irónicamente Moliére vestía ropas de color amarillo. Fue precisamente el equipo apodado con un sobrenombre referencial hacia ese color el que más cruelmente ha jugado con el destino del equipo celeste. Cuanto menos, curioso.

Siempre se ha visto como un color plagado de connotaciones negativas. Como por ejemplo en las epidemias de la Edad Media, o también cuando se pintaban con esas tonalidades a los traidores, herejes, brujas, deudores, prostitutas y madres solteras para señalar su “deshonra”. Este cliché también lo hace suyo la religión, puesto que el cristianismo relaciona el amarillo con el azufre del infierno, y así lo aplicó la Inquisición española con sus condenados. El averno de la mala suerte hizo acto de presencia sobre el césped de Balaídos para castigar a los nuestros con una nueva derrota que ya casi los aleja definitivamente de toda esperanza de clasificación europea (por vía liguera).

Porque el Celta que combatió contra el Villarreal, sin su once de gala, fue un buen Celta. Un Celta reconocible, dominador, incisivo y constante. Con marcas bien plantadas, presión arriba y gusto por el fútbol de toque. Sin embargo, una nefasta tarde de cara a puerta de nuestros hombres de ataque, aderezado con el infortunio producido sobre el escenario a causa de tanto amarillo nos condujo a tropezar con nosotros mismos. Con la alargada sombra de un pasado repleto de desdichas, de tristezas y de frases lapidarias del tipo “lo de siempre”.

Su rival, así todo, nunca mereció llevarse los tres puntos del coliseo vigués. El Villarreal jamás quiso el balón, ni siquiera generó, y sólo exigió (relativamente) a Sergio en un par de jugadas aisladas. Se constató un hecho: el ‘Submarino’ de Escribá es de los conjuntos más ramplones y pragmáticos de toda la liga. Sin alardes, sin lucimientos; entregados al 'juego sucio'. Se plantaron sobre el mellado césped de Balaídos como un equipo de baja tabla, dispuestos a aprovechar la oportunidad que tuviesen, y vaya si lo consiguieron: una rácana pelota rebotada de una jugada a balón parado y sin mayor trascendencia superó ridículamente la meta de los locales y significó el gol de la victoria. Y nada más que añadir.

El arbitraje tampoco ayudó en esta ocasión. Pues las decisiones de Melero López fueron en cada ocasión más que controvertidas. Agresiones sin sanción, penaltis no vistos, pelotas mal entregadas, fueras de banda que no eran… y ya van varios partidos con estas perversas características. Debemos exigir más nivel a la RFEF, aunque también deberían exigirse más los rivales como este que vienen a nuestra casa para reírse de nosotros, y, ¿por qué no decirlo? También deberíamos exigirnos más a nosotros mismos: somos el Celta, estamos en Europa League, y por muy mal planificada que haya sido la plantilla, por muy escaso que sea el nivel de algunos jugadores, este equipo debe aspirar a superarse. En cada una de sus facetas, sin relegarlo todo en cada partido a la hastiosa excusa de la Diosa Fortuna.

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