Fe ciega

AFP (ed.propia)

 

La fe mueve montañas. El celtismo también. Ese espíritu repleto de afouteza e corazón  del cual no se puede abusar, pues se manifiesta solamente cuando se le necesita de verdad. Cuando toda esperanza parece haberse agotado, cuando ya nadie cree en una remota posibilidad, es el momento de los milagros teñidos de celeste. La cuestión reside siempre en encontrar esas señales divinas que nos conduzcan a la gloria, hallar la súplica que se ve reconocida en forma de iluminación. Como en las ya arcaicas noches memorables de aquel célebre ‘Eurocelta’, el equipo que se presentó en Ucrania será recordado de igual modo, porque creyó hasta el último minuto (literalmente). Y el milagro se materializó.

Sí, ¿por qué no admitirlo? Guidetti provoca un penalti en los instantes finales recurriendo a malas artes. A perversos engaños. El árbitro cae en la artimaña y lo concede, ante la atónita mirada de cada celtista alrededor del mundo. Ante los valientes que cruzaron el continente en pos de ese vetusto anhelo. Pero… ¿acaso no somos siempre nosotros los que estamos sufriendo estas patrañas desde el otro lado? ¿Acaso no nos han quitado ya suficiente a lo largo de nuestra casi centenaria existencia? ¿Acaso el Shaktar hizo más que nosotros por superar esta eliminatoria? Conozco las respuestas a cada una de esas preguntas, y, aunque artículo de opinión, prefiero guardármelas por respeto a un rival más que digno; muchísimo más que digno.

No obstante, ante él se personó una oda al trabajo. Un loa a la esperanza, a la fe. Un equipo humilde de los confines del mundo, donde las creencias paganas, los maleficios, las meigas, imperan sobre cualquier otro dogma. Los celtas, pueblo noble y espiritual, jamás hincaban la rodilla ante la adversidad. Tampoco los nuestros, que guiados por nombres como Hugo, Iago, Jonathan, Sergio… pero también por otros como John, Pedro Pablo o Daniel, imbuidos con la fuerza de los druidas y esa ilusión eterna de que hasta el final nunca hay que rendirse, nos concedieron este regalo en forma de clasificación a la siguiente ronda: octavos de final. Pues sí, mucho camino resta todavía, aunque esto pareciesen ya unas semifinales…

Reconozcamos que muchos habíamos dejado de creer. Para un club modesto como el nuestro tres derrotas consecutivas, cuatro partidos sin ganar, son una losa demasiado grande. Máxime, cuando entre ellas se encuentra una eliminación copera, tres puntos que se escapan absurdamente en el último minuto, y un partido europeo anticlimático. Sin embargo, ahí se hizo la luz, el ‘10’ volvió a atinar en un lanzamiento de penalti por enésima vez, y un rudo central que desobedece a su entrenador con la convicción de que su decisión será la acertada nos alumbraron. Nunca dejemos de creer, como ellos. Tenemos que continuar en la senda de la alegría, de recibir cada nuevo partido con esta camiseta como un regalo, sin asumirlo como una penitencia, sino como una satisfacción.

Porque ahora llega un nuevo partido de liga de esos que hay que ganar si queremos mantenernos en la pelea por nuestros sueños. Y luego otro, y una nueva eliminatoria después, pero aunque nuestras fuerzas decaigan, nuestra moral se vea mermada, ya nunca podrán quitarnos todo esto que hemos logrado llegando hasta aquí. Juntos. Agarrándonos a ese legendario 4%. Soportando las mayores inclemencias a lo largo y ancho de estadios nacionales de baja estampa en segunda división. Ahora estamos labrando nuestra nueva propia historia. Un nuevo ‘Eurocelta’. Un equipo que, aunque pueda desfallecer, siempre le quedará su fe ciega.

BLOG COMMENTS POWERED BY DISQUS