Esperaba un sofá y me han traído una lámpara

No debe ser fácil sentirse ahora mismo Eduardo Berizzo. Una vez más, la segunda consecutiva, su club vuelve a negarle lo que requirió para reforzar a un Celta que sigue vivo de forma brillante en las tres competiciones. Ni siquiera como premio al rendimiento sobresaliente que ha conseguido durante el último año y medio ha obtenido el técnico de Cruz Alta un guiño en el mercado.

A comienzos de este año 2017, el ‘Toto’ avanzaba en rueda de prensa que quería un mediapunta y un extremo diestro. Los quería con cierta prontitud en Vigo y, a poder ser, de rendimiento inmediato, habida cuenta del apretado mes de enero que esperaba a los celestes. Nada desorbitado para una base económicamente solvente como la del Celta. Estas peticiones no eran nuevas, que conste. Desde junio del año pasado Berizzo dejaba caer en cada rueda de prensa que esperaba la llegada de esos dos perfiles, siendo siempre futbolistas contrastados y que dieran un salto cualitativo al equipo. No pedía imposibles, ni mucho menos, siendo el 'Toto' el primer conocedor de la capacidad económica del club. Nunca llegaron, a pesar de que la dirección deportiva, de una forma bastante torpe, intentó colar la llegada de Giuseppe Rossi como el mediapunta solicitado. El ‘Toto’, a la vista está, nunca lo consideró para esa posición.

Seis meses y dos mercados después, el panorama apenas ha variado. Incluso ha empeorado: el Celta entró en enero dispuesto a mejorar cuantitativamente y cualitativamente su plantilla. Con enero finalizado, los números hablan de tres bajas (Naranjo, Costas, Orellana) y dos altas (Jozabed y Hjulsager). Pierde un futbolista Berizzo. Pero lo grave está en lo cualitativo: el equipo ha perdido a su jugador más desequilibrante. No parece que hoy tengamos un mejor Celta que hace exactamente un mes.

Lo cierto es que la respuesta ante la salida de Orellana fue nula. No hubo solución en el mercado; ni la encontraron ni posiblemente la buscaron. Berizzo confiaba tan poco en los movimientos del club que, aún con una baja inesperada, rebajó sus peticiones: de dos a una llegada. Pero quería que, al menos, el que llegase fuese un futbolista contrastado y, de nuevo, con rapidez. Ni una cosa ni la otra. Hasta ofreció un nombre: Ricky Álvarez. De poco sirvió. El elegido fue Andrew Hjulsager, de 22 años y procedente del Brondby, cuyo logro internacional más destacado es el haber sido internacional sub21 con Dinamarca. Posiblemente sea una promesa de alto nivel y dé en un futuro grandes tardes en Balaídos, pero no es el perfil que pidió el ‘Toto’. Ah, y llega el 31 de enero. Ni fichaje contrastado ni en tiempo.

No es la primera vez, como ya hemos contado, que el Celta da la espalda a su entrenador. En verano, de las cinco llegadas, sólo una fue una petición cumplida del ‘Toto’: Facundo Roncaglia. Ni rastro del portero, ni del mediocentro, ni del mediapunta, ni del extremo derecho. Parece difícil contentar así a un entrenador que está obrando casi lo imposible con una plantilla más limitada que la temporada pasada pero, curiosamente, con un presupuesto sensiblemente superior.

Los motivos para que el club olívico haya acabado apostando el día 31 de enero por una promesa y no por una realidad pueden ser variopintos. Uno de ellos posiblemente sean las dificultades para moverse en mercados más potentes, que es evidente que las hay. Hablarán otros de la falta de tiempo, cuando estas peticiones son ya de junio, y al Celta se le presupone cierta capacidad de mercado para encontrar en seis meses determinados perfiles de futbolistas. También influye la política del club, que gusta de este tipo de operaciones. Otra opción es que al club le cueste apostar fuerte, a pesar de tener un colchón económico importante para estas lides –en este mes de enero, entre todas las operaciones, el club ha ganado más de 3 millones de euros-. El candado de Segunda hace media década sigue atemorizando a aficionados y club, por más que las cuentas, que son muy trasparentes, señalan una realidad muy diferente.

Tenía tantas dudas el club sobre su capacidad para reforzar al equipo que, de forma preventiva y a modo de venda, publicó hace unos días en ‘Faro de Vigo’, medio oficioso del club, una larga historia sobre la peligrosidad de desajustar los escalones salariales. Una excusa bastante barata para tratar de dar salida a una realidad: el Celta no pudo, o no quiso, cumplir con su míster. Un míster que, como suele hacer, apretará y exprimirá al máximo al bueno de Hjulsager, jugador que tiene muy buena pinta. Pero que a nadie se le olvide, y más cuando se acerque mayo y haya que hablar de renovación, que Berizzo esperaba un sofá y le han traído una lámpara.

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