Berizzo y la legión maldita

El Real Club Celta tiene tantos frentes abiertos que no sabe hacia dónde aplicarse. Tampoco tiene soluciones a corto plazo. La parálisis institucional es tal que Berizzo sigue inventándose soluciones en el día a día para paliar una planificación deportiva deficiente, tanto en el estío como en la ventana invernal. Compite el argentino en condiciones inferiores a las de sus rivales, al frente de una legión diezmada pero orgullosa. Los refuerzos que llegan a Vigo son los que son, y el técnico, como Escipión el Africano, ya no tiene vuelta atrás. 

De entre los equipos situados entre Europa y media tabla, sólo la Real Sociedad y Athletic Club han realizado las mismas incorporaciones (6) que el Celta en la presente campaña. La media de altas de los mencionados, más los Valencia, Villarreal, Sevilla, Espanyol, Málaga y Las Palmas, supera los diez futbolistas descontando el fin de préstamos. En medio de este acuciante movimiento mercantil, la entidad presidida por Carlos Mouriño ha negociado con parsimonia, dejando escapar importantes objetivos que ahora integran filas ajenas. Ello a pesar del atractivo futbolístico, la solvencia económica y la existencia de un bloque ya conformado que apenas necesitaba retoques.

Sin ánimo de denostar la labor del recién llegado Felipe Miñambres y el resto de responsables del organigrama olívico, es evidente que la calidad de la nueva soldadesca está por debajo de lo exigible, ello al margen de las características requeridas previamente. Por consiguiente, Berizzo ha tenido que lidiar con la falta de recursos específicos, efectuando rotaciones inevitablemente peligrosas por las que ha recibido implacables críticas. Y ahí sigue el Celta, el único conjunto de La Liga vivo en las tres competiciones junto a los gigantes Atlético y Barcelona, peleando con una ambición inenarrable, siendo superior a la suma de las partes, agregando poco a poco a los jugadores menos habituales. La holgada victoria en Butarque se añade a una trayectoria digna de elogio y aumenta la convicción de esta legión irremediablemente exigua, una legión que sigue alzándose contra los elementos sin importar el final de la historia.

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