Bella gerant alii, tu felix

En un deporte en el que, a menudo, el potencial se mide en forma de millones invertidos, el Celta de Vigo prosigue su andanza con una curiosa mezcla de osadía y prudencia. Es un club conservador con las finanzas y en exceso humilde para con los demás; sin embargo, es a la vez un orgulloso y reconocible competidor. Con el imprescindible apoyo de la institución, el actual director técnico asumió la reforma de Luis Enrique y la potenció para dar a los suyos un referente de estilo, una disciplina rompedora que insufla confianza en los futbolistas propios y respeto en los rivales. Por grande y rico que sea el equipo contrario, las reglas del juego suelen estar definidas por Berizzo. 

Instalado en esta filosofía, criticada y elogiada por igual, el Celta contemporáneo decide choques de antemano. Hace tiempo que la innegociable decisión de estos insurrectos balompédicos dejó de ser novedad; campaña tras campaña los hombres de Berizzo ponen en liza un sistema de juego eficaz, en el corto y en el largo plazo, capaz de doblegar a lo más granado del panorama mundial y de catapultar a un plantel escaso en tres competiciones. Con sonoras goleadas y éxitos silenciosos, y mientras otros abandonan la originalidad en favor de la victoria pírrica, Vigo se sitúa como la capital del fútbol contemporáneo. A pesar de su endeble estructura, el conjunto olívico es el único que consigue aunar logros y estilo, por más que otros sean los protagonistas de la guerra continental. 

Alcance o no la gloria, el Celta de Berizzo legará a las crónicas una personalidad única, por especial y por eficaz, pues sólo con esta revolución podía una institución tan reducida hacer frente a los gigantes que interpretan el fútbol de nuestros días. 

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