Así no

Luis Tejido

Un golpe bajo. Uno de esos impactos secos y directos en la boca del estómago que consiguen que cualquiera se doble y pierda el aliento con las rodillas pelándose contra el duro suelo. Alrededor no parece existir nada más que ese dolor punzante en lo más profundo de nuestras entrañas extendiéndose cálidamente, esa agonía que no cesa, el aire que se escapa de nuestro interior hasta desaparecer. Pero, minutos después, el organismo se restablece y el oxígeno nos devuelve a la realidad. El golpe todavía duele, y lo seguirá haciendo, pues esa será nuestra secuela; y sin embargo nos aborda el momento de reflexionar por qué nos han castigado de esta manera.

El Celta recibió en San Mamés un durísimo palo. Ganaba en el minuto 80 por 0-1, y acabó perdiendo por 2-1. Y no ha sido la primera vez que ha ocurrido. De hecho, ha sido el enésimo golpe bajo en (al menos) esta temporada. Lo que posiblemente sí ha resultado diferente en esta ocasión es el modo de recibirlo. El equipo celeste se quedó de nuevo con diez futbolistas sobre el campo. Sin jugar sucio, sin perder tiempo, sin zurrar como suelen hacerlo sus rivales, y como fue el caso. No. Roncaglia fue expulsado de forma rigurosa (siempre a mi entender) en un estadio que a los árbitros les suele ser propicio para ‘cometer pequeños errores sin importancia’. Penalti y expulsión. Cuando mejor estábamos. Cuando la suerte no nos estaba acompañando, pero ganábamos.

Esos últimos centímetros, milímetros. Esos dos palos con los que se topó Aspas, que harían las delicias del más perverso y retorcido Woody Allen. Esta vez la pelotita no quiso entrar, o se encontró de lleno con los guantes repletos de ilusión del joven guardameta local, magnífico por cierto. El equipo de Vigo fue inmensamente superior, y así lo reconocieron ambos técnicos, pero el hado le tenía reservado una vez más un duro varapalo a los nuestros, que esta vez sí lo hicieron todo por llevarse el partido. Peleando, jugando, demostrando actitud y aptitud. No pudo ser. El penalti ejecutado por Aduriz primero, y el increíble trallazo de San José después, en el último minuto, hicieron llevarse las manos a la cabeza a cada celtista alrededor del mundo. Qué injusticia. Qué impotencia. Qué dolor.

Pero ya estamos recuperando el aliento. Porque la realidad es que, tras el doloroso golpe, nos levantamos. Todavía nos encontramos lejos de Europa en la clasificación, pero seguimos vivos en las tres competiciones. Seguimos respirando. Y la Copa, por cierto, llega ya este jueves para devolvernos la ilusión, las ganas, las fuerzas. El equipo que se personó sobre el césped del nuevo San Mamés fue EL CELTA, y ese es el equipo que todos deseamos seguir viendo y disfrutando a lo largo de esta temporada, porque así llegarán las victorias y los buenos resultados, sin duda, tarde o temprano. Pero esperemos que (por fin) sea de una forma justa, limpia, sin golpes bajos.

No, así no.

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