Pequeñitis

Le leía el otro día al periodista Sergio Cortina el concepto ‘pequeñitis’, palabro evidentemente inventado que habla del hecho de que cualquier cosa que haga un equipo pequeño te parecerá bien realizada. Aplaudible y pocas veces criticable. Y, no sé, tengo la sensación de que cierto sector de celtismo se ha contagiado de ella.

Uno se mete hoy en twitter y los debates se suceden por doquier. Unos hubieran jugado en Europa todos los partidos con todos los titulares de inicio. Otros, si pudieran, meterían al Celta B, y al ‘C’ si lo hubiera. Y seguro que otro grupo hubiera preferido mezclar ingredientes de ambos. El entrenador que cada uno lleva dentro tiende a manifestarse tras cada partido –cuando siempre es más fácil pronunciarse- y posiblemente todas las propuestas y teorías de gestión de equipo en una competición europea sean igualmente de válidas.

El problema, sin embargo, no es qué sistema de gestión en Europa League es el mejor. Habrá mil teorías al respecto. El problema es no caer en la cuenta de que tu sistema, el que has escogido, por el motivo que sea, no ha funcionado esta vez. De que tu gestión no ha permitido llegar al objetivo mínimo. El problema es no darte cuenta de que lo que tú habías planeado ha fallado.

Y es esa ‘pequeñitis’, creo, la que lleva a aplaudir de forma sistemática todo lo que hace este Celta. Tanto aficionados como periodistas. Porque como es un club pequeño todo semeja ser loable. Porque como hace 5 años estaba el club en Segunda y hace 8 al borde del precipicio, jugar Europa es un premio pero no una competición seria más. Porque como hace 35 años, el Celta jugaba en 2ªB, Europa está sólo para disfrutar pero no para exigir. ¿Hay que tener en mente de dónde venimos para no perder la perspectiva? Desde luego, pero es que eso no es perspectiva ni "ser conscientes de lo que somos". Es vivir anclados en el pasado.

Convendría, opino, ser más justos. Por el bien especialmente del Celta. Convendría no caer en la autocomplacencia. Convendría caer en la cuenta de que el plan europeo ha fallado de forma estrepitosa. El equipo está contra las cuerdas en un grupo en el que casi triplica el presupuesto del Standard de Lieja (HLN habla de 21,5 millones). En un grupo en el que está cerca del valor de plantilla del Ajax (128M los holandeses por 100M los celestes, 50M los belgas y 40M los griegos del Panathinaikos). Está contra las cuerdas, para aquellos a los que los números les chirríen en el fútbol, en un grupo en el que jugando con su unidad B prácticamente toda la fase de grupos ha arañado 5 puntos a rivales que han puesto siempre a su once titular sobre el tapete. Es casi heroico, la verdad. Ése es el nivel de un grupo que tenía más nombres que realidades. Y esto sí que es presente.

¿Los motivos? Miles. Quizá las rotaciones, quizá la planificación veraniega, quizá el césped o quizá la lluvia de ayer en Balaídos. La realidad es que el Celta, con números y jugadores en la mano, debería haber pasado con más holgura de la que lo hará si, ojalá, finalmente lo consigue.

Pero el primer paso es asimilar que lo propuesto para competir en esta Europa League ha fallado por las cuatro esquinas. No autocomplacerse. No aplaudir porque sea una heroicidad llegar a la Europa League. Es necesario asimilar el nivel real de un Celta que está muy lejos de ser un grande –sí, para mí también es el mejor equipo del mundo-, pero que ni mucho menos es una comparsa en Europa. Porque, para los amantes del pasado y de las épocas grises, hay más historia detrás. Una historia europea maravillosa. Unas gestas heroicas que ojalá revivamos. Y, sobre todo, no puede ser una comparsa porque así se lo obliga su presente. Un presente que señala a un Celta con capacidad suficiente para no llegar con complejísimas opciones a la jornada final. Y es ahí, en ese punto, donde el espíritu de crítica debe comenzar. Apartemos la ‘pequeñitis’, asumamos el papel real del Celta y disfrutemos, ojalá que varias semanas más, de una competición preciosa como es la Europa League.

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