Pura entropía

EFE/edición propia

Me encuentro en un bar de Moaña y apuro la segunda de las cervezas que me he tomado. Tengo prisa por pagar cuanto antes y regresar al calor del hogar en una tarde tan lluviosa como incómoda. En una tarde que sin duda no pasará a los anales de la historia en la larga existencia de esta entidad llamada Celta. Me siento frustrado, molesto, pero lo peor de todo: impotente. Me siento impotente porque la única alternativa a lo conocido, a lo visto sobre el césped de Ipurúa, es el “pan para hoy, hambre para mañana”. El equipo ha tenido la última de sus oportunidades para demostrar que en la plantilla hay 25 jugadores, y no 12-13 titulares y sendos suplentes (más o menos buenos). El Celta de Vigo 2016/17 es la viva muestra de las leyes de la entropía.

En termodinámica, se denomina así a una magnitud física que en un sistema equilibrado mide el número de pequeños estados compatibles con el estado superior de equilibrio. También se puede decir que mide el grado de organización del sistema, es decir: describe lo irreversible de los sistemas energéticos. La palabra entropía procede del griego (ἐντροπία) y significa evolución o transformación. Una evolución o transformación que todavía no se ha demostrado en las decisiones de la dirección deportiva. En otras palabras, todo el equilibrio que trata de establecer nuestro entrenador se va al traste en cuanto pequeños elementos dispersos entran en su ecuación. Pero no quisiera hablar de los árbitros, eso lo dejo para otra ocasión.

Esos individuos tienen nombres y apellidos, y no son malos jugadores de fútbol. No, en absoluto. Simplemente son suplentes decentes que no dan la talla cuando se trata de mantener una cohesión en el estado superior de equilibrio de todo el conjunto. A modo de resumen: a día de hoy el equipo celeste cuenta con jugadores como Bongonda, Señé, Planas… que no por edad se les puede estar otorgando infinitamente el beneficio de la duda. Son el factor desequilibrante dentro de las leyes termodinámicas impuestas por el entrenador. Pero aparecen desde las alturas del que planificó una temporada de tres competiciones con estos futbolistas hasta el último de ellos. Porque Berizzo debe trabajar en su laboratorio con unos elementos determinados, que son de los que dispone, y no otros. Y no son suficientes.

Leía hace unos días a algunos abanderando el argumento de “a sus edades, Aspas jugaba en segunda y Nolito en el Écija”. Bueno, correcto, es cierto: quizá es donde deberían estar entonces, ¿no? Quizá deberían curtirse en un equipo de una categoría inferior para regresar a la disciplina céltica cuando ostenten un nivel similar al de Aspas o Nolito. ¿Quién lo sabe? Yo no. Yo sólo me estaba tomando unas cervezas tratando de disfrutar el partido, cosa que al final no pude conseguir. Mi Celta fue caos. Y sí, señalo a los elementos discordantes de la ecuación, pero quizá en momentos dados puedan ser otros: la realidad es que a día de hoy lo único que tenemos es la pura entropía.

¿Qué ocurrirá el próximo partido? Imposible saberlo.

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