Aspas, embajador de nuestra identidad

El genio de Moaña no quiere perder nunca. Con el orgullo cosido a un corazón celeste, Iago nunca ha dejado de ser un atacante volcánico, ansioso y autoexigente; pero la madurez ha contenido toda esa energía y ahora, flirteando con la treintena, ve correspondida esa extraña naturaleza con la llamada más prestigiosa que puede esperar un futbolista. Llega de rebote a la Selección, mas no de casualidad, posicionado como el máximo goleador nacional de la Liga. Allí donde se reúne lo más granado, Aspas será el enviado de una institución al alza, el embajador de una forma de entender este deporte.

Le viene de perlas a Lopetegui. En un combinado en el que las demarcaciones son cosa del pasado, nuestro canterano tendrá un lugar en cada contienda. Demuestra un hambre insaciable, no tanto por la diana individual como por el triunfo colectivo, y es imprevisible, aunque esté programado para ser exclusivamente zurdo. Por otro lado, Aspas recoge el testigo de Oubiña, todo un emblema de A Madroa, certificando que la apuesta por este estilo es eficaz a la par que reconocible. Difícil imaginar alguien que tenga tan presente la marca del Celta, en cada acción, en cada celebración, en cada sentencia ante la prensa.

La oportunidad es magnífica. Para recordar que Galicia es uno de los semilleros más importantes del fútbol español, aunque pase desapercibido para mandatarios y aficionados. Para reconciliar a uno de los exponentes del celtismo con nuestro rival histórico, como sucede cuando defiende A Irmandiña. Para demostrar que la forma de hacer las cosas en Vigo no tiene caducidad y es parte del futuro del fútbol al máximo nivel. Para demostrar que el amor y la unión a un club no están reñidos con el reconocimiento y las citas de mayor trascendencia. 

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