Balaídos, la fortaleza

Con la llegada de cada tanto favorable, el rugir de Balaídos era ensordecedor. La potencia de tantas almas combinadas, espoleadas por el orgullo y por la humildad de quien embosca a un rival superior en potencia, fue el mensaje de un colectivo único. No es casualidad que el Barcelona haya tropezado por segunda vez consecutiva en el feudo de los irreductibles celtas, como las olas que son repelidas por la roca tan vieja como edades tiene el mundo. A cada temporada se acrecenta la leyenda de unos muros que son hogar de un sentimiento que sólo se expresa en una lengua: afouteza.

La tradición explica la historia de Balaídos. Transmite al presente la forma de ser de nuestra gente, de los que se sienten en comunión allí donde el color celeste siempre está presente. Las banderas con el trisquel, las bufandas de Nós, Irmandiños o Preferencia, el himno… el despliegue simbólico une a esta afición diversa, positiva y comprometida, que encuentra en el Municipal el refugio ante las fuerzas externas que reprimen la ilusión, que acrecentan la desigualdad y que responden al interés individual. En la grada, toda la energía es entregada a cambio de esfuerzo y honor. 

Un estadio lleno hasta la bandera es el principal activo del Celta de Vigo. El capital humano está no sólo en los futbolistas, cuyo valor fluctúa, sino también en cada asiento de la bancada. Este deporte ha cambiado en muchas cosas, en la táctica y la técnica, en el valor de los traspasos, en las retransmisiones; pero las tardes y noches de gloria se siguen forjando al abrigo de miles de gargantas desgarradas, con la comunión entre los seguidores y los profesionales del balompié. 

En la presente campaña, la alta dirección de este club pretende el absurdo de que la masa social, cuyo poder adquisitivo está congelado, aumente el gasto en taquilla. Este pobre cálculo económico, basado en la igualdad en vez de la equidad, va justo en contra del escenario contemporáneo, en el que el ingreso por billetes es marginal, pero en el que una grada a rebosar multiplica el valor televisivo, el concepto que más ingreso proporciona. 

En números: al menos 55 millones de euros por televisión según el reparto de La Liga, frente a los 3,6 millones por abonados y socios que figuran en los actuales presupuestos del Celta. Es importante recordar que el 25 % del ingreso por las retransmisiones depende de la implantación social, es decir, de la entrada media que registra el campo a lo largo de la temporada. Un factor que, a la postre, incide en la fidelización y en el valor de la marca, aspectos vitales para la supervivencia a largo plazo.

Este club es ejemplar en muchos aspectos. Ello se nota en el agradecimiento de los propios y en la simpatía de los extraños. Mas el trato al aficionado se ha convertido en un cisma, siguiendo una preocupante, ilógica y descuidada línea. Este Celta cuasi centenario se apoya en una grada rejuvenecida y en la resistencia casi religiosa de los más veteranos; ninguno de estos dos sectores ha recibido recompensa alguna. Este Celta en ascendente tiene la oportunidad de enganchar a cada vez más aficionados, pero ofrece unas dolorosas condiciones para disfrutar en Balaídos, el escenario que de verdad deja prendado al novicio. Este Celta ilusionante necesita un gesto de sabiduría por parte de la directiva, una reflexión sobre el papel de la afición y un giro de retorno hacia la tradición de este club. Balaídos debe ser una fortaleza.

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