Cambia, todo cambia

Jesús Diges/ed.propia

Hace ya prácticamente 2500 años nació un hombre en Éfeso que afirmó que el fundamento de todo está en el cambio incesante. Aquel griego (que dudo mucho que imaginara jamás un deporte en el que 22 personas golpearan una pelota con la intención de introducirla en una portería) se llamaba Heráclito. Tantísimo tiempo después, en un mundo increíblemente diferente a aquel en el que habitó nuestro protagonista, sus palabras pueden revelarnos las claves de lo que los aficionados celestes estamos viviendo.

El Celta 2016/2017 se personó sobre el césped del Sadar con una dinámica autodestructiva, caótica. Con nada menos que tres derrotas a sus espaldas, los de Berizzo se encontraban ante su primera “prueba de fuego” real. Aseguraba Heráclito que “todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada ni nadie puede escapar”, y los nuestros no fueron menos. Ante la muralla rojilla, el Celta se vio reducido a un mero espejismo de lo que en un pasado fue. Pero lo intentó. Vaya si lo intentó.

Arremetida tras arremetida, el Celta trató por todos los medios de cambiar esa dinámica que le perseguía. Creyeron los jugadores en que el mundo procedía de un principio, el fuego, como decía Heráclito; que se refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra este precioso deporte. Fueron superiores a su rival, fueron mejores que sus versiones de las jornadas previas, tuvieron intensidad y quisieron avivar la llama de la esperanza. Como el fuego de Heráclito, quisieron hacer daño a Osasuna por la derecha, por la izquierda, desde el centro (con un Aspas quizá poco inspirado), pero con esa filosofía que siempre los ha caracterizado.

“La contradicción está en el origen de todas las cosas”, y quizá fue esta mañana, en Pamplona, donde renació nuestra contradicción por excelencia: merecer ganar y no conseguirlo. Hasta Trujillo Suárez pareció jugar en contra de los intereses del visitante. Decisiones erráticas condujeron a los vigueses al borde de la desesperación. Y ese fue el guión de todo el encuentro, y tal y como empezó, acabó. El marcador no quiso moverse en noventa minutos de incesante intento de cambio por parte de los nuestros. Pero, amigos; “el orden real coincide con el orden de la razón, es una armonía invisible, mejor que la visible”, y sin percatarnos, la dinámica ya había cambiado.

La espiral del cambio hizo su primer movimiento. Nunca este Celta había visitado a este Osasuna, y nunca más volverá a hacerlo. “En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”. Hemos rescatado el primer punto del año. Lo hemos ganado con todas nuestras fuerzas, y el empate se ha impuesto como el primer pasito en este largo camino que será la temporada que (sí, tranquilos) acaba de comenzar. Contra el Sporting en nuestra propia casa se podrá proseguir con un segundo gran paso. Acabaremos por olvidar este duro inicio de temporada, y las derrotas volverán a ser empates que volverán a ser victorias que volverán a ser derrotas, y victorias de nuevo. Porque lo merecemos. Escuchemos al viejo Heráclito: cambia, todo cambia.

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