Un error garrafal

El Celta ha cometido hoy un error garrafal. Ha hecho lo que un club nunca debe hacer: dar la espalda a su afición. El tiempo dirá si lo acaba pagando o no, pero difícilmente se podía comenzar peor una temporada tan ilusionante como ésta. La tremenda bofetada que se ha impuesto a los socios en la nueva campaña de abonados, presentada en una esperpéntica rueda de prensa, supone un incremento en las renovaciones de un 20% en todas las gradas, un 49% en la nueva tribuna baja y, agárrense, un 108% de aumento para las altas en esta grada. De locos.

Y es una pena. Porque el Celta tenía ante sí una oportunidad histórica. Una oportunidad para seguir expandiendo una masa social renqueante. El cartel era exquisito: un equipo que juega como los ángeles y un regreso a Europa 10 años después. El destino ponía en bandeja la opción de que Balaídos recuperase ese celtismo que ha ido abandonando el campo paulatinamente en los últimos tres años, utilizando como reclamo precios no tan desorbitados. Conforme el equipo ha ido elevando sus méritos deportivos, la asistencia al estadio ha ido disminuyendo. Y en la planta noble de Plaza de España han considerado que la mejor manera de paliar esa sangría es aumentar, y mucho, los precios.

La situación económica, además, permitía al club hacer un esfuerzo que incrementaría una masa social cada vez más tocada. Nadie pedía reducción de precios. Ni congelación, diría. Un aumento único de un 10% se vería casi como lógico. ¿Pero imponer un aumento de un 10% y, además, añadir otro 10%  extra por ver la Europa League? ¿Y además aumentar la cuota de alta? ¿Olvidarse de los parados? ¿Obligar a pagar el doble a los que eran abonados de la vieja Preferencia? Un sinsentido que lo único que conseguirá es dificultar las renovaciones y bloquear nuevas altas. Por eso los 23.000 abonados a los que aspira Maruxa Seoane, la nueva directora de Márketing, suenan a día de hoy a chiste.

Tenía también el Celta la oportunidad de tener un guiño con todos esos aficionados que durante muchos años se han tragado auténticas barbaridades en Balaídos. Y que han aguantado ahí, estoicamente. Nadie les devolvió el dinero ni les agradeció nada tras permanecer en su asiento mientras el Girona le pintaba la cara al equipo en un bochornoso 0-4, o mientras se rozaban esperpentos varios con Real Unión, Ponferrada y más equipos de la España profunda. Ahora, cuando el equipo vuelve a brillar tantos años después, el club considera que “el esfuerzo debe ser compartido”. ¿No lo era hace 10 años? ¿Qué gestos hubo entonces cuando el verdadero celtismo aguantó?

Todo este asunto cobra mayor gravedad por otro motivo. El Celta clava semejantes precios con el peor estadio de Primera. Por eso se equivoca Carlos Mouriño cuando se queja de que el club está en clara desventaja respecto al resto de competidores. El Celta ingresa mucho menos en parte porque tiene un estadio indigno y una masa social que pierde afiliados cada año. Y es en esos puntos donde la directiva debe poner el foco. ¿Por qué ocurre? ¿Es subir el precio de los abonos un remedio que solucionará algo? La dura realidad es que cualquier campo de Primera, y podríamos casi incluir a los de los recién ascendidos Alavés y Leganés,  es mejor que Balaídos. Más cómodos, más accesibles y se ve mejor el fútbol. La masa social decrece sin freno. Ya no comparemos ambos aspectos –estadio y masa- con, por ejemplo, el Athletic Club, club que rivaliza con el celeste en materia deportiva. Sonroja. Lo único que parece claro es que este problema no tiene su solución en el bolsillo del abonado, por más que se empeñen.

Ahora que el nuevo reparto televisivo se ha implantado, los números cuestionan muchos de los argumentos esgrimidos por el Celta. Con el nuevo presupuesto, que alcanzará los 63 millones, el ingreso por abonados representa un 6% si se mantienen los números de la temporada pasada. Ahora bien, con que el número de abonados descienda respecto a la 2015-2016  -no sería de extrañar-, el club se expone a perder dinero. Haciendo cálculos, con unos 2.000 menos el club ya no ganaría dinero. Y no sólo eso. Parte del porcentaje del nuevo reparto televisivo –hasta un 25%- tiene como parámetros objetivos la implantación social y la asistencia a los estadios. Dos puntos que probablemente bajarán respecto al año pasado y que pueden afectar al presupuesto de temporadas venideras.

Y no. Nadie pide que el Celta haga una excepción en el panorama del fútbol español. El Villarreal el año pasado decidió mirar por sus abonados. Y jugaban Europa League. Mantuvieron los precios de la temporada previa y premiaron la asistencia con tres tipos de carnets, fomentando la ampliación de masa social activa. Según hubieras asistido el año anterior, tu abono sería más o menos caro. Ejemplar, aunque en Vigo quieran mirar para otro lado. Tan mal le fue al Villarreal, por cierto, que han acabado cuartos este año.

Por último, convendría pedir al club que sea riguroso en este tipo de comparecencias. Que, al menos, puedan dar explicaciones y argumentos. Porque el papelón hoy de Maruxa Seoane, que apena lleva unos meses en el club, no tiene parangón. Fue incapaz de responder a las dudas de los periodistas, ofreció datos erróneos e incluso frivolizó con los precios. Terrible.

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