Rizando el rizo

El Celta vivió en el Villamarín el enésimo resumen a su temporada en 90 minutos. Agazapado hasta ir perdiendo, con dos o tres desaparecidos que hacían improductivo el desempeño de sus compañeros, encajando de un error propio, y con el castigo arbitral de turno convertido ya en una constante contra sus intereses. El equipo de Abel y el de Teixeira Vitienes se repartieron ayer los méritos en el feudo verdiblanco para que el conjunto olívico volviese de vacío de Sevilla, con pie y medio en Segunda y sin esperanzas.

En lo último, sin embargo, no hay problemas. Va en el espíritu de este club y sobre todo de su afición. Ayer era ganar o bajar. Tal vez hoy lo sigue siendo, mañana ya veremos. Si se llega a Pucela sin certificar el descenso, otra vez creeremos, será el 6 de 6, ganar o descender, rendirse jamás.

Es en este aspecto lo que convierte a un parón a priori molesto en una oportunidad para recuperar la fe, tanta veces caída y levantada durante esta temporada. Porque ni antes se necesitaban 9 de 9, ni a lo mejor en Valladolid 6 de 6. Se necesitan exactamente 2 puntos más que el Dépor, 3 más que el Zaragoza, 4 más que el Granada o 5 más que el Osasuna. Las matemáticas dicen que aún se puede y la fe celeste también lo dirá, siempre y cuando en Pucela eso no sea ya del todo imposible.

Pero quien tiene que creer es el equipo. Es en ese apartado dónde urge solución. A lo mejor el complicado calendario de los rivales permite que valga un 6 de 6, pero ni Valladolid ni Espanyol nos lo van a regalar. El Celta no puede salir expectante a esperar a su rival y, sobre todo, no puede permitirse futbolistas que salgan a pasear. Sin ir más lejos, Toni propuso más ayer en quince minutos que Krohn-Delhi, Orellana y De Lucas juntos. Si se llega al José Zorrilla con opciones hay que ir a pelearlas de principio a fin, intentar ganar y ver si los Teixeira y compañía nos lo permiten la próxima vez. Ayer no se descendió, simplemente se pasó a depender de los demás. Si se cae debe ser por ellos, no por nosotros, no por dejarnos ir, no por no intentarlo hasta el final. Del celtismo no tengo dudas, de algunos futbolistas sí. En el técnico manchego esta dejarse de historias y poner a los que quieran luchar por este escudo y su gente ahora más que nunca, a los que peleen con hechos, con fútbol, con afouteza, con corazón, no sólo con palabras o con caras largas. 

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