Parece detenerse

Suena la célebre banda sonora de Vangelis. Los atletas, a cámara lenta, vislumbran por fin la meta. Está ahí, a tan sólo unas zancadas de distancia, pero el tiempo a su alrededor parece casi paralizado. El cansancio hace mella, el sudor se desliza por sus machacados cuerpos, el dolor de las lesiones los bloquean. Pero deben llegar. Deben llevar hasta el último estertor sus fuerzas si, finalmente, desean alcanzar su victorioso destino. Así vive el Celta los últimos compases de esta ilusionante temporada, como los protagonistas de “Carros de fuego”.

Al igual que los personajes de esta película británica de 1981, los atletas que a todos nosotros nos representan se preparan ya para la gloria. Los celestes se encaminan hacia el último asalto al objetivo. Sin embargo, todavía no se puede cantar victoria. Ahora es cuando deben extraer la voluntad de cualquier recóndito escondrijo de sus mentes. Están obligados a recurrir a cualquier motivo que les proporcione las fuerzas necesarias para conseguirlo, hasta (como en el propio film) a una cuestión de fe.

Ya contra el Betis en Balaídos empezó un suave ‘run run’. En Cornellá nos asaltaron las primeras dudas. La incertidumbre de si estos olímpicos celestes serían capaces o no de cruzar la ansiada cinta. Los jugadores yerran acciones que en momentos pasados nunca equivocarían. El entrenador es cuestionado por su gestión en lo relativo a rotaciones y cambios. Porque los futbolistas acusan ya ese agotamiento. Algunos han ido cayendo por el camino. No obstante, la mayoría se han vuelto a levantar. Otros, lo harán en el futuro para ayudarnos en carreras venideras. Lo importante es que todos estemos seguros de nuestras aptitudes.

 

Los dos protagonistas de la película, Harold Abrahams y Eric Liddell, quizá no sean los corredores más conocidos de la historia, pero sí han dejado su profunda huella en la misma. Quizá no en la tradición del atletismo a nivel mundial, pero sí en la de Gran Bretaña. Por su entrega, por su pundonor, por todos los sacrificios que se vieron obligados a llevar a cabo para lograr sus objetivos en una época no sólo muy convulsa  en el ámbito deportivo, sino también en el social. A los Nolito, Aspas, Sergio, ‘Tucu’… les ha tocado vivir algo tremendamente similar. Y eso es lo que todos les pedimos, que hagan como Harold y Eric.

Entrega, ganas, ambición. Valores que hasta anoche nunca me había planteado. Incuestionables para este equipo, innegociables para su excelso entrenador. En Cornellà-El Prat, como afirmo, me entraron las dudas. Un empate que, tras haber cosechado otro en casa, sabe a poco. No sería así de haber ganado al Betis, cierto. Pero es que los celtistas ya esperamos mucho más de los nuestros. Quizá  sea el cansancio, que falle el físico por el desgaste realizado hasta la fecha, y no por ninguna cuestión psicológica. El lunes recibimos al Granada en casa; otra “final”, y tenemos que ser conscientes de lo buenos que somos. La mente tiene que ser lo único inquebrantable ahora en la recta final. Cuando por fin suena Vangelis. Cuando el tiempo parece detenerse.

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